Plinio Corrêa de Oliveira Dios nos ha dejado una imagen de sí mismo, más significativa que cualquier otra: el Sol. Si percibiéramos en el Sol la intención de dar un espectáculo, posando en el cielo para ser admirado por nosotros, nos decepcionaríamos. Por el contrario, como no es inteligente, no puede tener intenciones. Nos prodiga beneficios con su luz y su calor, pero en ningún extremo de sus rayos le importa ser bien visto. Compuesto por una masa de gases en fricción, que generan altísimas temperaturas, no tiene pensamiento, ni conocimiento, ni plan. Arde sin cesar, pero es indiferente a todo y continúa su ciclo. El Sol brilla con su fuego y penetra en todas partes, iluminando todo. Tiene una ruta diaria, con un aspecto en la aurora, otros a lo largo del día, ambos distintos del ocaso. Según la brillante frase de Edmond Rostand —¡Oh Sol!, sin el cual las cosas serían apenas lo que ellas son— el astro rey agrega a todas las cosas aspectos que en sí mismos no tendrían. Cuántas auroras, cuántas puestas de sol a lo largo de los años, siglos, milenios, que nunca se repetirán. Pero en aquella existencia tan luminosa y variada, ni siquiera es consciente de que existimos. Lo mejor que hace por nosotros es reflejar continuamente a alguien infinitamente más grande que él. Cuando miramos al cielo, podemos pensar en Dios creador, espíritu puro, y exclamar: ¡Oh Dios, qué grande eres!
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Conmemoración de los Fieles Difuntos(2 de Noviembre) ¡Por la misericordia de Dios, descansen en paz! |
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Por qué no hay paz Nunca se habló tanto de paz como en nuestra época. ¡Sin embargo, nunca hubo tanta violencia!... |
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Múltiples y maravillosos atributos de nuestro Divino Salvador Se me ocurrió hacer una exposición a respecto de un tema infinito, pues concierne a la persona adorable de Nuestro Señor Jesucristo. Si tuviésemos la honra y el placer de verlo cara a cara, ¿qué impresión nos causaría? ¿Sería la impresión que nos causan las imágenes que conocemos de Él?... |
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Los Reyes Magos y la estrella de Belén Los varones privilegiados, conocidos en el cristianismo como los tres Reyes Magos, fueron elegidos para estar entre los primeros —después de la Santísima Virgen, san José y los pastores— en adorar al Divino Infante en la gruta de Belén... |
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El amor materno, sublimidad del género humano En el orden personal, la Providencia dispuso una afinidad y una amistad de convivencia que, salvo excepciones, es mayor que todas las demás: entre madre e hijo... |
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Santa Teresa de Lisieux Pionera de la “pequeña vía” Para un lector superficial de la Historia de un Alma, santa Teresita (1873-1897) fue una “santita” que vivió en un mar de rosas y apenas tuvo la desdicha de perder a su madre a los cuatro años de edad y de morir prematuramente. La iconografía romántica enfatiza esta idea presentándola como una monjita buena, sonrojada y risueña, sosteniendo un crucifijo y un mazo de rosas; una caricatura edulcorada, que más favorece a una piedad falsa y sentimental. Lo cual contrasta totalmente con las fotografías auténticas que de ella poseemos... |
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