Ambientes Costumbres Civilizaciones La corona de Carlomagno

Joya adecuada al emperador arquetípico


Plinio Corrêa de Oliveira



En la ilustración mayor se aprecia la corona de Carlomagno (742-814), el emperador cristiano arquetípico. En la placa frontal, se destacan las incrustaciones de piedras preciosas en cabujón, que es la piedra natural, pulida, pero sin facetar.

Las piedras incrustadas en la corona son desiguales y enormes; las placas de metal forman como que un cuadro cada una. Sobresale el anillo majestuoso de un arco, que corona la preciosa joya. En el punto más alto de la placa frontal, una cruz, significando que el principio de unidad de todo es el instrumento de suplicio y de gloria de Aquel que es único –– la Crux Domini Nostri Jesu Christi (Cruz de Nuestro Señor Jesucristo), a los pies de la cual lloró María Santísima.

Viendo la corona de Carlomagno, se puede intentar hacer una recomposición de la fisonomía para la cual el artista idealizó esta joya, porque no se concibe esta corona para un rostro banal. Quien la usa, o posee la fisonomía de un Carlomagno, o ella le queda desproporcionada. No sé cómo se sentiría uno de sus hijos bajo tal corona. Es una joya que desafía la frente sobre la cual ella posa.

Podemos conjeturar al gran emperador coronado, su fisonomía radiante, su rostro ostentando una barba blanca y, según la leyenda, florida. Existe un cuadro (ilustración al lado) del pintor alemán Alberto Durero (1471-1528), que representa bien esta idea y la gran personalidad de Carlomagno. 

Penitencia, un pedido de la Santísima Virgen en Fátima Palabras del director Nº 137 - Mayo 2013 - Año XII
Palabras del director Nº 137 - Mayo 2013 - Año XII
Penitencia, un pedido de la Santísima Virgen en Fátima



Tesoros de la Fe N°137 mayo 2013


La Santísima VirgenEl gran medio de perseverancia y salvación
Nº 137 - Mayo 2013 - Año XII Un grave desorden moral Un siglo antes que Fátima la Providencia ya alertaba al mundo Dios nos dio una Madre incomparable San Felipe Neri Penitencia, un pedido de la Santísima Virgen en Fátima La corona de Carlomagno



 Artículos relacionados
La revolución sexual destruye la familia - II Luego de haber analizado los aspectos generales de la revolución sexual en curso, continuamos con la segunda parte de este estudio, donde se apreciará aún más la importancia y actualidad del tema...

Leer artículo

Grandes corazones, grandes obras, grandes dispendios Según hemos expuesto, la [virtud de la] magnificencia tiende a realizar una obra grande...

Leer artículo

“Estos corderos de Dios pueden morder”... Una caricatura blasfema contra Nuestro Señor y contra el Papa, publicada en el mayor diario de Francia, “Le Monde”, no quedó sin respuesta: una masiva protesta de católicos de todo el mundo inundó de mensajes la redacción del periódico, la cual quedó sorprendida por la envergadura de la reacción...

Leer artículo

Plinio Corrêa de Oliveira, cultivó desde su infancia, los más excelentes valores cristianos En estas líneas, intenté dar algunos trazos de cómo Plinio, desde niño, ya respiraba valores contra-revolucionarios. Con los años, él creció ultramontano— como eran llamados en el siglo XIX los católicos antiliberales y fieles al Papado—, monarquista, antimodernista, católico en todas sus manifestaciones. Con la lectura de autores como De Bonald, Donoso Cortés, Veuillot, y de numerosos santos como San Pío X, él explicitó y formuló de modo sistemático sus teorías, su Weltanschauung(visión del universo), aunque todas ellas ya existían en su alma en estado germinal. ¿Cómo esta germinación fue posible en una ciudad moderna, incrustada en el Nuevo Mundo? ¿Por una gracia especialísima de la Santísima Virgen? Ciertamente sí. Pero ello nos lleva a otras consideraciones: si Dios suscitó una personalidad como la del Dr. Plinio, ¿no será esto una primera gracia y un primer paso para un cambio radical en el rumbo de los acontecimientos? ¿No estará próxima la restauración de la civilización cristiana?...

Leer artículo

El Milagro del Sol:Un testigo presencial Llegó el 13 de octubre , llovía. Aparece un claro y vamos para allá. A medio camino el agua vino con fuerza y llegó al punto de que no había mantas ni sombreros que le hicieran frente. Pero nadie se desanimaba. Todos avanzaban...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino