Estimados amigos: Entre las flores de santidad que brotaron en el seno del Carmelo —¡a cuál más fragante!— hay una que por su singular misión nos atrae de modo particular y sobre la que se ocupa en este número la sección Vidas de Santos. Santa Teresa de Lisieux (1873-97), conocida popularmente como santa Teresita, para diferenciarla de santa Teresa de Ávila (1515-82), “la grande”. Su breve existencia es narrada por ella misma en el libro Historia de un Alma, que la llevó a ser proclamada Doctora de la Iglesia en 1997. Por medio de ella quiso Jesús inaugurar la así llamada pequeña vía para lograr la santidad, una vía de misericordia al alcance de todos los bautizados, una vía de confianza total y de resignación a la Providencia divina, que interpreta las misteriosas palabras de Nuestro Señor: “Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18, 3). Santa Teresita recibió de Dios el encargo de salvar las almas de los pecadores por medio de la oración y el sacrificio. A ese respecto nos confiesa: “Jesús me hizo conocer por experiencia que realmente hay almas que no tienen fe, y otras que, por abusar de la gracia, pierden ese precioso tesoro, fuente de las únicas alegrías puras y verdaderas”. Veinte años después de su muerte, la Santísima Virgen se presenta en Fátima para pedir nuevamente al mundo oración, penitencia y conversión. Ya en 1916 el Ángel les había adelantado a los pastorcitos: “Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios... De todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores… Sobre todo, aceptad y soportad con resignación el sufrimiento que Nuestro Señor os envíe”. Esta invocación a la penitencia queda aún más clara en una carta de la hermana Lucía a su confesor el padre José Bernardo Gonçalves SJ, del 4 de mayo de 1943, en que narra una revelación de Nuestro Señor, quien “desea que se haga comprender a las almas que la verdadera penitencia que Él ahora quiere y exige, consiste, sobre todo, en el sacrificio que cada uno tiene que imponerse para cumplir con sus propios deberes”. Que a todos la Virgen de Fátima nos ayude en ese cumplimiento del deber. En Jesús y María, El Director
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Santa Teresa de Lisieux Pionera de la “pequeña vía” |
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San Ricardo de Wych Segundo hijo de Ricardo y Alicia de Wych, pertenecientes a la nobleza agrícola, también es conocido como san Ricardo de Chichester. Nació en 1197 en Burford, cerca de Wych, actual Droitwich, en el condado inglés de Worcestershire... |
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El matrimonio feliz La mesa familiar, el crucifijo y la cuna. En el presente artículo trataremos de los dos primeros; dedicaremos un artículo aparte para la tercera cosa: la cuna... |
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“Dios está contento con vuestros sacrificios” Los tres niños se encontraban en la estrecha calle de Aljustrel comentando sus aventuras, cuando Lucía se fijó que casi bajo sus pies desnudos había un rollo grande de soga. Lo cogió descuidadamente, pero su aspereza le arañó en el brazo. Esto le sugirió una idea: —¡Mirad! ¡Esto hace daño! Podemos hacer un cinturón con la soga y ofrecer este sacrificio a Dios... |
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Dos mundos, el de ayer y el de hoy Los trajes pueden reflejar la compostura. Hoy se encuentran trajes de lo más extravagantes en todas las calles y en cualquier lugar del mundo. En el maniquí de la derecha, la ropa interior aparece bajo la exterior, contrario al recto orden de las cosas... |
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La familia, el matrimonio y el derecho natural La familia, célula primera y vital de la sociedad, no es una creación del derecho ni de la ley, sino obra de Dios, y propia de la naturaleza humana. Dios creó al varón y a la mujer y les mandó “crecer y multiplicarse” (Gén 1, 28)... |
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