|
La dictadura de la moda: perforarse partes del cuerpo para insertar un anillo, alfiler, anzuelo, prendedor, arete u otros objetos — es la moda del piercing.
Oreja, ceja, mentón, nariz, labios, lengua — todo sirve. Se diría que la moda de incrustar objetos en el cuerpo es la moda del dolor y de la infelicidad. El sentido común y el sentido católico quedan chocados con una extravagancia tan repulsiva. Más inquietante aún es el fondo moral y psicológico que esta moda revela. En nuestro medio, el piercing viene penetrando paulatinamente en diversas capas de la sociedad. Al respecto, comenta la psicóloga Ana Cecilia Pareja: “La gran mayoría de jóvenes que se hace estas perforaciones en el rostro y en las partes más sensibles de sus cuerpos proviene de hogares de padres divorciados y son emocionalmente inestables. No tienen un modelo a seguir y actúan llevados por la moda. Estos muchachos son los hippies modernos que copian todo lo que llega de otras culturas para llamar la atención. Todo lo contrario ocurre con las personas que vienen de familias bien cimentadas”.1
Un historiador del arte, Denis Bruna,2 investigó antecedentes de la degradante moda en el mundo cristiano. En el pagano, no lo necesitaba, pues los indios americanos y salvajes africanos aún acostumbran deformar su cuerpo con artificios hasta los más sádicos y supersticiosos. En pinturas del final de la Edad Media, Bruna descubrió individuos con el rostro traspasado por anillos, cadenas, pendientes o broches. En un Via Crucis de Hieronymus Bosch [El Bosco], los verdugos de Nuestro Señor aparecen con piercing, con el rostro agujereado por anillos. Una comadrona histérica, un viejo lúbrico e infieles también llevan esos piercing como estigmas de infamia. Otrora un símbolo de castigo, hoy está de moda... En la Edad Media, ciertos crímenes merecedores de una execración especial, como falso testimonio y graves injurias a la autoridad, podían ser castigados con un piercing en la lengua. El arete masculino, despreciado en los tiempos de fe, volvió en la renacentista corte de los Valois, decadente y afeminada, pero se extinguió junto con esa dinastía. Es sorprendente notar que, casi dos mil años después de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la humanidad que rechazó a la Iglesia y la Civilización Cristiana se disputa, para clavar en sus carnes, las señales que antiguamente los pintores ponían en los torpes semblantes de los verdugos que atrozmente crucificaron al Cordero sin mancha, nuestro Divino Redentor. Notas.- 1. Cf. El acerado look de los rostros con piercing, in La República, Lima, 19 de agosto del 2004.
|
La Natividad de María |
|
La perfecta alegría Iban una vez San Francisco y el hermano León caminando en tiempo de invierno. ¿En qué está la perfecta alegría? preguntó el fraile, a lo que el santo vino a responder con un curioso pero ilustrativo ejemplo... |
|
El mar Vemos en esta ilustración un lindo espectáculo de la naturaleza, creado directamente por Dios: el litoral y el mar. Al fondo la enorme masa líquida que se mueve, y, al frente, la playa... |
|
La dignidad sacerdotal La dignidad del sacerdote es tal, que, según la expresión de san Agustín,* el Hijo de Dios encarna en sus manos como en otro seno de la Virgen... |
|
La fecundidad de la vida urbana medieval Si algún día, querido lector, por la gracia de Dios, fuéramos conducidos por nuestro ángel de la guarda en un largo viaje al pasado, y acabáramos desembarcando en una ciudad europea del año 1200, nos encontraríamos ante un escenario imposible de ser imaginado por los hombres de nuestro siglo en toda su belleza y variedad... |
|
La adoración de los pastores “Lux in tenebris lucet” (Jn 1, 5). Fórmula sintética usada por san Juan para expresar con fuerza el contenido inmensamente rico de lo sucedido: había tinieblas por todas partes, y en la oscuridad de esas tinieblas se encendió la luz... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino