|
Plinio Corrêa de Oliveira
Por las altas ventanas, guarnecidas de vitrales, entra una luz abundante pero suave, que se refleja en el piso de madera, en el metal pulido de las armaduras y de las panoplias, en el bronce y en el cristal de los inmensos candelabros, y parece alcanzar con esfuerzo las nervaduras y pinturas del techo. Las columnas, fuertes y delicadas, se abren hacia lo alto como inmensas palmeras que protegiesen la sala con su ramaje de piedra, de líneas coherentes, nítidas y suaves. La sala está fuertemente impregnada de un ambiente peculiar, que invita a un reposo sin ocio ni disipación, un reposo todo hecho de recogimiento, gravedad, equilibrio y fuerza. Las armaduras, los venados disecados, enriquecen este ambiente con el eco de las proezas practicadas en la cacería y en la guerra. El revestimientode madera trabajada quiebra con su delicadeza y calidez lo que la austeridad de la piedra tal vez tuviese de excesivo. Al fondo, sobre una peana, la imagen de un santo atrae el pensamiento hacia el cielo. Sin duda esta sala refleja una mentalidad, que podrá agradar a unos, desagradar quizá a otros, pero que de un modo u otro supo disponer admirablemente de los colores y de las formas para expresarse. Es una sala para uso civil cotidiano. Presenta el ambiente en que el espíritu de nuestros mayores se sentía a su gusto para vivir la vida corriente. * * *
La Sainte Chapelle de París, construida en el siglo XIII por San Luis IX, Rey de Francia, para cobijar algunas espinas de la corona de Nuestro Señor Jesucristo, expresa la misma mentalidad, no en cuanto entregada a la vida diaria, sino en cuanto vuelta hacia la oración. La nota de delicadeza alcanza a lo sublime. Ni por esto la fuerza, el equilibrio, la gravedad, el recogimiento pierden algo de su plenitud. Eclesiásticos, artistas, peregrinos de todos los siglos han visto en la Sainte Chapelle, en el ambiente que en ella palpita, en la mentalidad expresada en sus líneas, sus colores, sus formas, su configuración general, la expresión arquetípica del alma cristiana. * * * Cristiana es la sala como cristiana es la capilla. Y esto no sólo por el efecto de las imágenes y símbolos religiosos que allí se encuentran, sino también por el ambiente que allí se respira, por la mentalidad que queda subyacente en este ambiente. De donde se llega a una noción más amplia. Una obra de arte no es cristiana por el simple hecho de estar cubierta de símbolos de nuestra santa religión, como un hombre no se hace fraile por el simple hecho de vestir de hábito. Es necesario que sea católica el alma que en la obra de arte palpita, para que ésta se pueda decir genuinamente cristiana. Y el ambiente cristiano no es susceptible de impregnar solamente un edificio destinado al culto, sino cualquier espacio que tenga en su configuración la marca inconfundible con que el alma cristiana expresa todo cuanto hace.
|
Sagrado Corazón de Jesús, símbolo del amor infinito |
|
Jardines franceses e ingleses Dos escuelas de jardinería, dos modalidades de orden La escuela francesa de jardinería tiene en el parque de Versalles un modelo prototípico del espíritu que reinaba en el arte francés en el apogeo del Ancien Régime. Todo muy bien alineado, acomodado, pesado, medido y contado... |
|
Tensión y distensión en el semblante de un santo En los jardines del Vaticano el Papa San Pío X acoge a distinguidos visitantes, que le presentan sus homenajes. El cuerpo del Papa, erguido y vigoroso a pesar de los años, da una impresión de ascesis y firmeza, pero algo en su persona, y sobre todo en su plácida fisonomía, expresa reposo y distensión... |
|
Stein am Rhein Stein am Rhein —simplemente “Piedra junto al Rin”— es una minúscula ciudad de Suiza, pero llena de poesía, donde, como se aprecia en la fotografía superior, todo invita a una existencia cristiana, digna y cortés, de la que habla el Papa... |
|
La Catedral de San Marcos “¡Esto es Iglesia Católica! ¡Oh Iglesia Católica!” Es de noche en Venecia. En la Plaza de San Marcos la ola de turistas está ausente, las palomas están durmiendo, la catedral se presenta en su majestuosa soledad, espléndidamente iluminada, dejando percibir el blanco reluciente del mármol,... |
|
¿Tienen los símbolos, la pompa y la riqueza una función en la vida humana? Quiso la Providencia que hubiese en la naturaleza materiales bellos y preciosos con los cuales el ingenio humano, rectamente movido por un anhelo de belleza y perfección, produzca las joyas, los terciopelos, las sedas, todo aquello en fin que sirva para el ornato... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino