Plinio Corrêa de Oliveira Estas fotografías de los famosos vitrales de la catedral gótica de Chartres, en Francia, contienen una magnífica enseñanza. El espíritu de la Iglesia es el espíritu de Dios: sabe unir lo práctico a lo bello. De tal manera que, al ver una obra de arte, se nota que en ella se utiliza lo práctico casi sin pensar en él, y se admira lo bello como si sólo él existiese. El objetivo de lo práctico es servir al cuerpo del hombre sin incomodar al alma; la finalidad de lo bello es encantar al alma y elevarla hasta Dios.
El vitral, además de bello es funcional, pues a través suyo penetra la luz en el edificio. La variedad de estos vitrales es inimaginable. En uno de ellos se ven algunos reyes santos. En otro a la Santísima Virgen que resplandece con el Niño Jesús. ¡Pero qué encajes! ¡Qué joyas hechas de vidrio! ¡Qué esplendor! Cada fragmento de un vitral de estos constituye una piedra preciosa. Función práctica: iluminación. Función espiritual: presentar la belleza; pero con la belleza la verdad: la suma verdad, la Revelación divina que Nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo trajeron a la tierra. ¡Qué variedad de formas, de colores, qué esplendor de luces! Todo es tan rico, que no vale la pena detallarlo. Incluso porque, si es verdad que cada fragmento del vitral es bello, el conjunto es tan hermoso, que el alma no tiene muchos deseos de entrar en pormenores. El libro del Génesis narra que Dios, tras crear el universo, descansó considerando su obra, y dijo que cada cosa era buena, pero que el conjunto era óptimo. A respecto de los vitrales de Chartres se podría decir, parafraseando al Creador, que cada parte es buena y bella, pero que el conjunto es bellísimo. Se tienen deseos de mirar solo hacia el conjunto. Magnífica analogía entre la belleza de la creación divina y la obra de arte humana, a la que Dante calificó como “nieta de Dios”.
|
Semana Santa Passio Domini nostri Jesu Christi |
|
¡Católicos, despierten! La persecución religiosa ya constituye la mayor catástrofe del siglo XXI... |
|
La gran peste de Marsella de 1720 Hace algo más de 300 años, el 25 de mayo de 1720, el navío Le Grand-Saint-Antoine atracó en Marsella, procedente de Siria. Por falta de vigilancia, negligencia o corrupción de las autoridades portuarias y municipales, junto a su cargamento de telas y fardos de algodón desembarcó un pasajero clandestino: el bacilo de la peste... |
|
Dictadura colegiada, no Existe una ilusión entre muchos de los que propugnan la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Se imaginan que ésta es una panacea... |
|
La misericordia de Dios y la intercesión de los santos Oí hablar de un gran criminal que acababa de ser condenado a muerte por unos crímenes horribles. Todo hacía pensar que moriría impenitente. Yo quise evitar a toda costa que cayese en el infierno, y para conseguirlo empleé todos los medios imaginables... |
|
El coro Frente a un libro de coro, abierto de par en par sobre el facistol, el viejo maestro dirige con autoridad las angelicales voces de los niños... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino