Ambientes Costumbres Civilizaciones El altar de san Ignacio de Loyola en la iglesia de Il Gesù

Una obra de arte renacentista que contiene, sin embargo, un pensamiento serio y profundo

Plinio Corrêa de Oliveira

La fotografía nos muestra el altar de la iglesia de los jesuitas en Roma, Il Gesù, que es un templo religioso de incalculable valor, muy hermoso y célebre, construido entre 1568 y 1584. El altar está dedicado a san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.

Se aprecia un gran cuadrilátero en el que destaca un color similar al del mármol de las columnas, formando una transición que prepara el paso del marrón claro al blanco. Es un juego de colores muy bien calculado, muy agradable a la vista. Colores muy proporcionados que hacen de este altar una verdadera obra de arte. Allí no hay ni un milímetro carente del extraordinario mármol italiano, considerado el mejor del mundo.

*     *     *

En cuanto a las figuras, observamos en primer lugar a pequeños ángeles, situados sobre el arco que sirve de dosel a la imagen de san Ignacio.

En lo alto se eleva la Santísima Trinidad; arriba, rodeado de un esplendor, el Espíritu Santo en forma de paloma. El conjunto manifiesta la gloria de Dios, eterna, inmutable y absoluta.

El altar representa la glorificación de san Ignacio de Loyola. Pero, sobre todo, contiene un pensamiento serio y profundo: por muy sublime que haya sido san Ignacio, infinitamente más arriba que él está Dios, que brilla en la excelsitud de la gloria. Debajo del Creador está la imagen de san Ignacio con los brazos abiertos, en una especie de éxtasis, absorto en la contemplación —pero sin nada demagógico ni teatral— mirando al cielo, con su espíritu vuelto por entero hacia Dios. Se podría decir: Dios y su fiel servidor.

*     *     *

Nos encontramos así ante una obra artística característicamente renacentista, pero que sin embargo reviste seriedad. No es en absoluto la seriedad sublime del gótico, pero es una seriedad real. Nada que se parezca a los angelitos al gusto de Bernini. Todo es serio, bien pensado, ordenado y articulado. Es el espíritu del admirable fundador de la Compañía de Jesús.

Este altar revela el empeño apostólico de san Ignacio. A su juicio, no era posible restaurar los valores góticos en un mundo completamente entregado a otro espíritu. Intentó entonces infundir el espíritu católico en las venas de una escuela de arte penetrada por una concepción humanista y materialista, inclinada a la extravagancia, al desorden e incluso al caos. Tal penetración psicológica del santo se manifiesta claramente en este altar que, en mi opinión, es una hermosa obra de arte.

San Aarón Palabras del Director Nº 235 – Julio de 2021 – Año XX
Palabras del Director Nº 235 – Julio de 2021 – Año XX
San Aarón



Tesoros de la Fe N°235 julio 2021


Las relaciones entre la Iglesia y el Estado A la luz de la doctrina católica
Julio de 2021 – Año XX Penitencia, perdón y esperanza para un mundo devastado por el pecado La Religión en las Constituciones que han regido en el Perú Calendario del Bicentenario - Julio 2021 Iglesia y Estado: ¿unión o separación? San Aarón El altar de san Ignacio de Loyola en la iglesia de Il Gesù



 Artículos relacionados
Pena de muerte: Una ejecución en Roma La Santa Iglesia, como buena madre, aunque acepte la aplicación de alguna sanción o pena, dispensa al alma de quien es castigado mil cuidados y cariños...

Leer artículo

El Santísimo Sacramento de la Eucaristía Durante su glorioso Pontificado, el Papa san Pío X (1903-1914) impulsó extraordinariamente la piedad eucarística...

Leer artículo

San Hugo el Grande Aquel que sería uno de los más célebres personajes de la Edad Media nació el año 1024 en la pequeña localidad de Semur, en la Borgoña francesa...

Leer artículo

Deportes: de la recreación a la obsesión En el pasado, el deporte se practicaba con más moderación, el interés por él ocupaba un lugar secundario en la vida de las personas y en la sociedad en general...

Leer artículo

El hábito y el monje Se diría que la afirmación de que el hábito no hace al monje, o que el uniforme no hace al héroe, es al mismo tiempo verdadera y falsa. En efecto, el hombre no se hace monje o militar auténtico tan solo por adoptar la vestimenta propia de ese estado...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino