No sería justo juzgar la profesión de orfebre en sí misma inútil o nociva, y ver en ella una injuria a la pobreza, casi un desafío lanzado a los que no pueden tener parte en ello. Sin duda, en este campo más que en otros, es fácil el abuso. Frecuentemente, no obstante los límites que la conciencia recta fija para el uso de las riquezas, se ve a algunos hacer alarde de un lujo provocativo, sin ningún significado razonable y destinado solamente a la satisfacción de la vanidad que ignora, y por lo mismo insulta, los sufrimientos y las necesidades de los pobres. Por otra parte sería injusto condenar la producción y el uso de los objetos preciosos, siempre que correspondan a un fin honesto y conforme a los preceptos de la ley moral. Todo cuanto contribuye al esplendor de la vida social, todo cuanto pone de relieve los aspectos de alegría y solemnidad, todo cuanto hace resplandecer en las cosas materiales la perennidad y la nobleza del espíritu, merece ser respetado y apreciado.
Pío XII, Discurso al IV Congreso Nacional de la Confederación Italiana de Orfebres, Joyeros y Afines, 9 de noviembre de 1953, in Discorsi e Radiomessaggi, v. XV, p. 462.
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