Estimados amigos: ¡No dejemos que la Navidad muera! Particularmente este año en el que, a pretexto de la pandemia, se anuncian suspensiones o restricciones a las bellas y tradicionales ceremonias navideñas, debemos consagrar una especial dedicación y amor a las celebraciones en honor del Niño Dios. En este sentido, y con el fin de ayudar a nuestros lectores en una fructífera meditación junto al pesebre —que recomendamos encarecidamente se instale en cada hogar, como en antaño—, publicamos en este número tres artículos relacionados con la conmemoración de la Natividad de nuestro divino Salvador. En el más profundo de ellos, Plinio Corrêa de Oliveira comenta una inspiradora jaculatoria: “Corazón de María, donde se formó la sangre de Jesucristo Redentor”. El autor considera la sublime e insondable unión entre la Santísima Virgen y su Divino Hijo en la bendita noche de Navidad, y expone cómo nosotros, acercándonos a María, nos aproximaremos al Niño Jesús. Los demás textos incluyen: la narración de preciosas costumbres navideñas (como el “pudding” real inglés); y los populares villancicos, que muestran la unidad presente en la variedad de canciones con las que cada pueblo alaba al Divino Infante según su peculiar manera. La dramática situación en la que nos encontramos en este final de año contiene una invitación a dirigirnos especialmente a la Sagrada Familia, poniendo a sus pies nuestras súplicas por la urgente victoria de la Iglesia y de la cristiandad, hoy tan amenazada por la autodemolición. Al expresarle nuestros mejores deseos en esta Navidad, los hacemos extensivos a cada familia: Que Dios, por la mediación de su Santísima Madre, los bendiga e ilumine en sus múltiples emprendimientos a lo largo del Año Nuevo. En Jesús, María y José, El Director
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En la Nochebuena Auge de la unión entre Jesús y María |
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San Enrique II Baluarte de la Iglesia contra los ataques de bizantinos y musulmanes, defensor de los derechos y prerrogativas del Papado, promotor de la reforma moral del clero y del celibato eclesiástico, incansable apóstol de los eslavos, san Enrique fue educado por san Wolfgang, obispo de Ratisbona, y se convirtió en el único emperador del Sacro Imperio en ser elevado a la gloria de los altares. Casado con santa Cunegunda, de la Casa de Luxemburgo, era cuñado de san Esteban, primer rey evangelizador de Hungría... |
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Grandezas inconmensurables de San José Hoy que vivimos en el auge del proceso de autodemolición de la Iglesia y de descristianización de Occidente, el auxilio y la protección de san José se vuelven cada vez más necesarios... |
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Jesús habla del Juicio Universal Hablando un día Jesús del Juicio Universal, le preguntaron los apóstoles cuándo tendría lugar y qué señales le precederían. Jesús les contestó: “Tened mucho cuidado para que nadie os engañe, porque vendrán varios que dirán: ‘Yo soy el Cristo’, y seducirán a muchos... |
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El milagro del Vístula y la Asunción de la Virgen La Asunción de la Virgen fue confirmada como dogma de fe por el Papa Pío XII, en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, el 1º de noviembre de 1950... |
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San Ireneo de Lyon Ireneo nació en el siglo II, probablemente en Esmirna (actual Izmir, en Turquía), entre los años 130 y 135... |
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