Especiales Amar la Cruz

Plinio Corrêa de Oliveira


Nuestro Señor Crucificado,
Juan Martínez Montañés, 1568-1649 — Basílica Catedral de Lima


Señor Jesús, Varón del Dolor, en vuestra Alma y en vuestro Cuerpo sufristeis todo cuanto es dado a un hombre sufrir.

 Contemplo vuestro cadáver bajado del patíbulo, vuestra humanidad como que aniquilada y vuestra Sangre infinitamente preciosa derramada a lo largo de la Pasión.

Por todos los siglos de los siglos, representaréis el dolor en el horizonte de nuestras almas. El dolor, con todo cuanto tiene de noble, de fuerte, de grave, de dulce y de sublime. El dolor elevado del simple ámbito de las consideraciones filosóficas al firmamento infinito de la Fe. El dolor comprendido en su significación teológica, como expiación necesaria y como medio indispensable de santificación.

Por el mérito infinito de vuestra preciosísima Sangre, dad a nuestra inteligencia la claridad necesaria para comprender el papel del dolor, y a nuestra voluntad la fuerza para amarlo con todas las fibras de nuestras almas.

Sólo por la comprensión del papel del dolor y del misterio de la Cruz, es que la humanidad puede salvarse de la tremenda crisis en que está hundiéndose, y de las penas eternas que aguardan a los que hasta el último momento permanecieren cerrados a vuestra invitación para seguir con Vos la vía dolorosa.

María Santísima, Madre Dolorosa, por vuestras oraciones multiplicad sobre la tierra las almas que aman la Cruz.

Ésta es la gracia de incalculable valor, que os pedimos, en el crepúsculo de nuestra pobre y estropeada civilización.     



La tristeza santa del Divino Crucificado El convento-fortaleza de Tomar y la Caballería de Cristo
El convento-fortaleza de Tomar y la Caballería de Cristo
La tristeza santa del Divino Crucificado



Tesoros de la Fe N°64 abril 2007


Y Jesús miró a San Pedro…
Y Jesús miró a San Pedro... La tristeza santa del Divino Crucificado Amar la Cruz El convento-fortaleza de Tomar y la Caballería de Cristo De la Devoción a la Virgen María (I) Santa Gema Galgani ¿Los santos en el cielo son omniscientes, omnipresentes y omnipotentes?



 Artículos relacionados
La tristeza santa del Divino Crucificado Lo que más impresiona en esta obra de arte es el dolor y la tristeza del divino Crucificado. Contribuyeron para causar ese dolor los malos tratos infligidos por los verdugos que, sin torpe ayuda de carácter preternatural, no habrían sido capaces de llevar la crueldad a tal punto...

Leer artículo

Cristo murió y resucitó La Santa Iglesia se sirve de las alegrías vibrantes y castísimas de la Pascua para hacer brillar ante nuestros ojos —hasta en las tristezas de la situación contemporánea— la certeza triunfal de que Dios es el supremo Señor de todas las cosas; de que Cristo es el Rey...

Leer artículo

Una invitación al amor Por ocasión de la Semana Santa entregamos a la consideración de nuestros lectores una gran y suprema verdad, cuyo recuerdo debe iluminar todas las meditaciones que los buenos católicos hagan sobre el tema...

Leer artículo

El encuentro de Jesús con su Santa Madre ¿Quién, Señora, viéndoos así en llanto, osaría preguntar por qué lloráis? Ni la tierra, ni el mar, ni todo el firmamento, podrían servir de término de comparación a vuestro dolor...

Leer artículo

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Poco o nada nos aprovecha para nuestra santificación pensar en la muerte de Cristo como un hecho meramente histórico, perdido en el tiempo, sin ninguna relación con nuestras vidas. Menos aún si no consideramos que la Pasión de Cristo se renueva en nuestros días...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino