La Palabra del Sacerdote ¿Se pueden salvar los suicidas?

PREGUNTA

Quedé chocada por la publicación de sus palabras, sobre la posición de la Iglesia con relación al suicidio. Como fui estudiante de filosofía y teología, las considero extremadamente legalistas. El mismo derecho canónico dice y la teología moral también afirma que para que haya pecado es necesario que la persona tenga conciencia, libertad y voluntad. Una persona que comete suicidio, por lo menos sufre de un desequilibrio, y jamás alguien en sana conciencia se quita la vida por nada. ¿Será que Dios condena a una persona que en un acto de desesperación y profunda depresión, en un momento de desequilibrio emocional se quita la vida? Pienso que no nos compete a nosotros, simples mortales, juzgar a una persona en estas condiciones, diciendo que el suicidio es un “pecado escandaloso”.


RESPUESTA

En primer lugar, cabe observar que la materia sobre la cual trata la objeción de la lectora era una consulta concreta sobre la negación de la sepultura eclesiástica a un suicida. En la respuesta anterior donde se trató del tema, me atuve al ámbito de la consulta. No estaba obligado a hacer un tratado sobre el suicidio, abordando además de los aspectos canónicos y éticos, también los aspectos psicológicos y sociales. Para eso sería necesario componer una monografía, que llenaría varios números de esta publicación. Pero ya que la lectora conduce el asunto por ese lado, para su tranquilidad la respuesta puede ser sintetizada con la frase que el Catecismo de la Iglesia Católica consagra al tema: “Trastornos síquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida” (n° 2282).

Pero de ahí a generalizar, en el sentido que “una persona que comete suicidio, por lo menos sufre de un desequilibrio, y jamás alguien en sana conciencia se quita la vida por nada”, equivale pura y simplemente a abolir el pecado de suicidio, lo cual es una exageración que calza bien con la psicología freudiana en boga en nuestros días. A propósito de la cual ni siquiera los discípulos de Freud se entienden, y que yo, como sacerdote católico, rechazo por completo.     



¿De dónde surge la fecha del nacimiento de Jesús? La Virgen del Socorro de Huanchaco
La Virgen del Socorro de Huanchaco
¿De dónde surge la fecha del nacimiento de Jesús?



Tesoros de la Fe N°13 enero 2003


La Virgen del Socorro de Huanchaco
La Virgen del Socorro de Huanchaco Anunciación y Encarnación del Verbo de Dios Debes buscar a Dios... San Francisco de Sales ¿De dónde surge la fecha del nacimiento de Jesús? ¿Se pueden salvar los suicidas?



 Artículos relacionados
Una palabra sobre la virtud de la castidad y la condición sacerdotal Es necesario reafirmar la doctrina tradicional de la Iglesia, según la cual todo acto contra la castidad —si es directamente querido, expresamente buscado y cometido con plena deliberación— es siempre pecado mortal...

Leer artículo

¿Qué es más grave: el pecado de pensamiento o el pecado de acción? Es justo distinguir entre el pecado de pensamiento y el pecado de acción, comprendiendo este último, según la fórmula clásica, las palabras y las obras. Entonces, es posible pecar solamente de pensamiento, sin pasar a la acción...

Leer artículo

¿Quiénes son los hijos de la serpiente? Entre los orientales, las sesiones de justicia y otros actos oficiales, como la recepción de embajadores, por ejemplo, se realizaban junto a las puertas de las ciudades o de los palacios reales...

Leer artículo

Matrimonio, adulterio y «happy end» En caso de adulterio, el Derecho Canónico recomienda encarecidamente que el cónyuge inocente no niegue el perdón, movido por la caridad cristiana y teniendo presente el bien de la familia, aunque también conserva el derecho a romper la convivencia conyugal, pero jamás disolver el sacramento...

Leer artículo

La Redención y nuestros pecados La doctrina católica explica con sabiduría esa delicada cuestión, que envuelve de un lado la gratuidad de la gracia, y de otro lado, la libre colaboración del hombre. Unos lo aceptan, y esa aceptación ya es fruto de la gracia; otros, sin embargo, lo rechazan, ¡y ese rechazo es exclusivamente por culpa del hombre!...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino