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Plinio Corrêa de Oliveira
El mundo católico, y con él, todos los pueblos de la tierra se vuelven el día 25 de diciembre hacia el pesebre de Belén, a fin de adorar, lleno de fe, al Niño que ahí reposa, o admirar un acontecimiento cuya explicación se busca en vano en las leyes que rigen los acontecimientos humanos. En nuestra época de ruinas materiales y catástrofes morales, la Navidad surge como un punto luminoso de esperanza para las naciones que corren en busca de un orden que les asegure un bienestar aún no encontrado. Lamentablemente, para la mayoría de los pueblos, la Navidad no pasa de uno de esos símbolos que exaltan las energías momentáneamente, ¡sin infundirles un vigor nuevo y duradero! Quieren la paz, la concordia, la felicidad, pero desean que todo ello les caiga del cielo sin la menor colaboración propia. Este Niño que adoramos reverentes y que causa una admiración misteriosa a los que no lo conocen sino de nombre, es, el “Príncipe de la Paz” (Is. 9, 6), que trajo a la tierra, en la suavidad de su persona, todo el bien, ¡todo el amor capaz de hacer feliz al universo entero y a mil mundos, caso existiesen! Pero esa Paz está condicionada a una sola cosa: los hombres y las naciones deben someterse a su Ley, a su Evangelio. Ésta es la Paz que el Señor Niño vino a traer a la tierra. Paz para cuya implantación deben colaborar todos con su docilidad a la Ley Divina.
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La Santa Casa de Loreto. Donde vivió la Sagrada Familia de Nazaret |
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Pobreza y esplendor Extremos armónicos en el firmamento de la Iglesia. Un aspecto de la Santa Iglesia. Envuelto en la penumbra, con un cráneo en la mano que evoca la muerte, San Francisco mira hacia lo alto en una actitud de profunda oración. Vestido con una sencilla y pobre túnica, que... |
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Dos modos de ver la vida del campo Seis de la tarde. La faena diaria se ha terminado. La noble tranquilidad de la atmósfera envuelve la inmensidad de los campos, invitando al reposo y al recogimiento. Un crepúsculo color de oro transfigura la naturaleza, haciendo brillar en todas las cosas un reflejo lejano y suave de la inexpresable majestad de Dios... |
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La impregnación de las alegrías de la Navidad La fiesta de la Santa Navidad tiene el privilegio —al menos es la impresión personal que tengo— de interrumpir el tiempo. Una persona puede estar en la peor situación aflictiva; al llegar la Navidad, se abre como que un paredón y las desgracias quedan del otro lado. ¡Repican las campanas, la Navidad comenzó! ¡Cristo nació: alegría para todos los hombres!... |
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¿Es el ángel de la guarda menos inteligente que el demonio? La Iglesia enseña que Dios creó a los ángeles muy superiores a nosotros. Espíritus puros, de inteligencia lucidísima y gran poder, exceden por su naturaleza inclusive a los hombres mejor dotados. Con su rebelión, los ángeles malos perdieron la virtud, pero no su inteligencia, ni su poder... |
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Tensión y distensión en el semblante de un santo En los jardines del Vaticano el Papa San Pío X acoge a distinguidos visitantes, que le presentan sus homenajes. El cuerpo del Papa, erguido y vigoroso a pesar de los años, da una impresión de ascesis y firmeza, pero algo en su persona, y sobre todo en su plácida fisonomía, expresa reposo y distensión... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino