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Pocos días antes de ser ungido Papa, S. S. Benedicto XVI, entonces Cardenal Joseph Ratzinger, pronunció una homilía que ahora cobra sorpresiva actualidad con el anuncio de su dimisión en momentos en que la Santa Iglesia enfrenta inéditas turbulencias
¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos.
Cardenal Joseph Ratzinger, Decano del Colegio Cardenalicio, Homilía de la Misa “Pro Eligendo Pontifice”, 18 de abril de 2005, in www.vatican.va.
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