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Esto no significa que cada miembro de la Iglesia, considerado separadamente, no pueda alejarse de la perfección y perderse. Pero la Providencia, que vela sin cesar sobre la Esposa del Verbo Encarnado, no podría permitir que aquellas deserciones internas la destruyan o interrumpan su crecimiento.
Independientemente de los esfuerzos de sus enemigos internos o externos, la Iglesia siempre continuará a crecer hasta el fin de los siglos. Crecerá en extensión, por los elementos nuevos que asimilará sin cesar; crecerá en luz, por las afirmaciones cada vez más explícitas que opondrá a los errores; crecerá en gracia y en méritos, por los actos de virtud que sus miembros nuevos producirán continuamente, bajo la influencia del Espíritu de Dios. El momento en que cese este triple progreso, el momento en que el cuerpo de Jesucristo alcance su pleno crecimiento, será el momento en que él será elevado a la gloria, para participar en la felicidad de su Jefe divino. Así, en el ápice de la humanidad, se realizará, a pesar de todos los obstáculos, un progreso real y un progreso auténticamente divino. ♦ Henri Ramière S. J., El Reino de Jesucristo en la Historia, Livraria Civilização Editora, Porto, 2001, p. 205-206.
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La traición de Judas “¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?” |
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El maravilloso esplendor de las ceremonias navideñas de antaño El bello día de Navidad, día que había yo deseado tanto ver en Roma, se desarrolló a mi entero gusto, en plena armonía con la fiesta... |
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Reminiscencias a la espera de un resurgimiento El castillo de Montemor-o-Velho —con sus murallas coronando la montaña, teniendo a sus pies a la villa, próxima al río Mondego, en la planicie final que conduce al mar— constituye un ejemplo entre tantos de la vocación guerrera que marcó a Portugal desde el comienzo de su existencia como nación cristiana... |
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Dádiva de bondad Ala puerta de una rústica casa un mendigo recibe el ofrecimiento gentil de una reconfortante colación. Es conocido en el valle. La fortuna le ha dado cruelmente la espalda, dejándole a merced de la caridad... |
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Oración al Señor Crucificado ¿Qué tengo yo, Señor Jesús, que tú no me hayas dado?... |
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El coro Frente a un libro de coro, abierto de par en par sobre el facistol, el viejo maestro dirige con autoridad las angelicales voces de los niños... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino