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Símbolo del genio y de la grandeza del alma española Plinio Corrêa de Oliveira
La fachada del Escorial presenta alguna semejanza con la fachada de Versalles: amplia, enorme, con motivos que se repiten. Pero en la fachada del Escorial hay una nota de simplicidad, de sobriedad y de serenidad que Versalles no tiene. Versalles es un edificio festivo; el Escorial es un edificio pensativo. Versalles invita a la exhibición de las grandezas del mundo; el Escorial invita a la concentración y a pensamientos de las grandezas del cielo. En los pabellones del Escorial hay unos techos espigados que apuntan al cielo, con unas esferas encima que dan la impresión de que algo tocó la tierra, metió un garfio y la levanto hasta el cielo. La tierra es picada y conquistada en orden al cielo. Eso no se ve en Versalles, donde todo es horizontal, nada apunta al cielo, los trofeos indican la gloria terrena de los Borbones y de Luis XIV.
Hay cualquier cosa de monótono en las fachadas del Escorial. En una de ellas solo hay ventanas que se repiten; no hay una portada ornamental, no hay una consolación para el alma dentro de la monotonía invariable de las ventanas. Pero cuando se sabe analizar, se vislumbra algo de la grandeza española. Es una cierta forma de austeridad, de seguridad de sí, sin atavíos. Hay cierta pertinacia en la monotonía, como quien dice: “Soy yo. Así soy y así está bien. ¡Yo desafío!”. Y hay cualquier forma de la grandeza del gentilhombre combatiente, que es necesario saber interpretar para poder entender el sabor de este palacio español. Palacio de San Lorenzo de El Escorial, construido durante el reinado de Felipe II, entre 1563 y 1584. Está considerado como uno de los principales monumentos del Renacimiento español.
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