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Después de haber comentado ampliamente el Mensaje de Fátima, el autor termina su libro con una reflexión de la mayor actualidad… Luis Sergio Solimeo
Si bien algunos de los castigos anunciados en Fátima ya se han cumplido, otros aún están por venir. Sin embargo, por dolorosa y sombría que sea dicha perspectiva, no debe desanimarnos, ya que también estamos animados por la confianza en la victoria. Confianza en la Santísima Virgen Santo Tomás de Aquino explica que la “confianza” (fiducia) toma su nombre de la “fe” (fides). Es una esperanza fortalecida por la fe que tenemos en la ayuda de alguien. Esa fe será tanto mayor cuanto más poderosa sea esa persona y mayores sean la amistad, el amor y la compasión que esa persona tiene hacia nosotros. Cuando esa persona es la Madre de Dios y nuestra Madre, tenemos la mejor razón del mundo para confiar en ella, ya que está unida a Dios totalmente y nos ama enormemente. Además, la Santísima Virgen anunció que, después de los castigos que vendrían a consecuencia del rechazo de sus peticiones y la falta de conversión de la humanidad, su Inmaculado Corazón triunfaría. La certeza del triunfo del Inmaculado Corazón de María, de la conversión de Rusia y del tiempo de paz que vendrá después de la sucesión de castigos a los que aún estamos sujetos, debería pues alentarnos en el más alto grado e inspirarnos a poner nuestra parte en la lucha a favor de ese prometido triunfo. Una colaboración necesaria Como lo destacó el profesor Plinio Corrêa de Oliveira, autor del ensayo Revolución y Contra-Revolución y gran apóstol de Fátima, no hay nada en el mensaje revelado a los tres pastorcitos que pueda ser contrario a la idea de nuestra participación en la lucha por el triunfo del Inmaculado Corazón de María. Está en los planes de la Divina Providencia que los hombres deben poner su parte en la realización de transformaciones históricas en la línea del bien, y servir como instrumentos, aunque imperfectos, para la acción de la gracia divina. Ese llamado también se dirige a nosotros El llamado a la oración y a la penitencia que la Madre de Dios hizo hace un siglo atrás en Fátima a los tres pastorcitos todavía resuena hoy, porque, a través de ellos, se dirige también a nosotros. ¿De qué manera desea la Santísima Virgen que hagamos nuestra parte en su designio restaurador? La propia hermana Lucía lo explica, en una carta a su confesor, el padre José Bernardo Gonçalves SJ, del 4 de mayo de 1943. Allí le relata una revelación recibida de Nuestro Señor y expone el deseo de Dios de “que se haga comprender a las almas que la verdadera penitencia que Él ahora quiere y exige, consiste, sobre todo, en el sacrificio que cada uno tiene que imponerse para cumplir con sus propios deberes religiosos y de orden temporal”. Nos cabe, pues, ser eximios en el cumplimiento de esos deberes. La lucha concreta contra los males de nuestra época —por ejemplo, en defensa de la familia, hoy amenazada de tantos lados— puede ser una excelente forma de oración y penitencia, cuando se obra por amor de Dios. Oponerse al ambiente neopagano de los días actuales; combatir los errores, a veces sutiles, que se propagan por todos los medios; y enfrentar el riesgo de ser despreciado por no seguir las modas —no solo en el vestir, sino hasta en el pensar— a menudo es mucho más difícil que ayunar o pasar una noche en oración. Por cierto, una cosa no excluye a la otra: rezar en público, combatir así el respeto humano y proclamar la fe, es una de las formas más excelentes de penitencia en la actualidad. Sí, la penitencia y la oración por la conversión de los pecadores es lo que la Santísima Virgen nos pide. Sin embargo, Ella espera que hagamos aún más, y por amor a Ella nos opongamos activamente a los “errores de Rusia” que siguen triunfando ante nuestros ojos, destruyendo familias y deshaciendo la sociedad, corrompiendo a nuestra juventud y blasfemando de Dios. Hagamos pues nuestra parte en atender el llamado de la Santísima Virgen, confiados en el cumplimiento de su maternal promesa, tan llena de esperanza y dulzura: “¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!”.
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