Palabras del Director Agosto de 2019 – Año XVIII

Estimados amigos:

Atrás en el tiempo quedaron los textos escolares basados en autores liberales, que enaltecían a más no poder a la Revolución Francesa. Investigaciones históricas críticas más recientes, como las de Pierre Gaxotte (1895-1982), Stefan Zweig (1881-1942), Régine Pernoud (1909-1998), Georges Bordonove (1920-2007) y tantos otros, nos muestran hasta la saciedad lo contrario.

“No conoció la dulzura de vivir, quien no vivió antes de 1789”, la afirmación es del célebre diplomático francés Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord (1754-1838). La “douceur de vivre” (dulzura de vivir) a la cual Talleyrand se refiere, no era apenas la felicidad terrena que la población francesa disfrutaba en el Ancien Régime.Era además una alegría de vivir y una bendición espiritual, característicos de cristiandad medieval, cuyo perfume aún impregnaba la sociedad.

La Revolución Francesa destruyó esa alegría de vivir, de la que disfrutaban todas las clases sociales. Desde un comienzo, esparció promesas de Liberté-Egalité-Fraternité (libertad anárquica, igualitarismo injusto, fraternidad hipócrita). Mientras tanto, guillotinaba cabezas, principalmente de la nobleza y de la aristocracia, masacraba al clero y al pueblo que reaccionaban contra ella (como en la región de la Vendée), atacaba virulentamente a la Iglesia Católica, conturbando así completamente el orden social, sin jamás conceder las bondades prometidas.

Quien conoce los hechos en sus pormenores y las desfiguraciones impuestas a Francia y al mundo entero a partir de 1789, no puede quedar satisfecho con las interpretaciones “políticamente correctas” que nos imponen, sobre uno de los más sanguinarios e injustos acontecimientos históricos.

En esta edición, Renato de Vasconcelos nos ayuda a entender mejor la esencia de la Revolución Francesa y a combatir con mayor eficacia sus consecuencias en nuestros días.

En Jesús y María,

El Director

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Tesoros de la Fe N°212 agosto 2019


La Revolución Francesa Autora de los crímenes más monstruosos
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