San José.- Encargado de la educación del Príncipe Real del cielo y de la tierra, encargado de gobernarlo y servirlo, ha de honrar con su servicio a su Divino Pupilo: Dios no podía tener con qué ruborizarse de su padre adoptivo. Y como Él es Rey, de la sangre de David, hizo nacer a José de este mismo tronco real; quiso que fuese noble, aun de la nobleza terrenal. Por las venas de José corría la sangre de David, de Salomón y de todos los nobles reyes de Judá: si la dinastía aún ocupase el trono, él sería el heredero y debería ocuparlo en su momento. No os detengáis a considerar su pobreza actual: la injusticia ha expulsado a su familia del trono a que tenía derecho; pero no deja por eso de ser rey, el hijo de esos reyes de Judá, los más grandes, nobles y ricos del Universo. En los registros del empadronamiento, en Belén, José será inscrito y reconocido por el gobernador romano como el heredero de David: ahí está su pergamino real, es fácilmente reconocible y lleva su real firma. ¿Qué importa la nobleza de José?, diréis tal vez. Jesús no vino sino para humillarse. —Yo os respondo que el Hijo de Dios, que quiso humillarse durante algún tiempo, quiso asimismo reunir en su Persona todo género de grandezas: Es también rey por derecho de herencia; es de sangre real. Jesús es noble, y cuando eligió a sus Apóstoles entre la plebe los ennobleció; este hijo de Abraham y heredero del trono de David tiene todo el derecho a hacerlo. Él ama este honor de familia; la Iglesia no pasa por encima de la nobleza el rodillo de la democracia; respetemos, pues, todo lo que a ella respecta; la nobleza es de Dios. Pero, ¿es preciso entonces ser noble para servir a Nuestro Señor? —Si lo sois, le tributaréis gloria mayor; pero no es necesario; Él se contenta con la buena voluntad y la nobleza de corazón. Sin embargo, los anales de la Iglesia nos muestran que un gran número de santos, y de los más ilustres, gozaban de blasón, tenían un nombre, pertenecían a una familia ilustre; muchos eran incluso de familia real. Nuestro Señor se complace en recibir los homenajes de todo lo que es honorable. San José recibió una educación perfecta en el Templo, y Dios lo preparó así para ser el noble servidor de su Hijo, el edecán del más noble de los Príncipes, el protector de la más augusta Reina del Universo.
San Pedro Julián Eymard (1811-1868), Mois de Saint Joseph, Desclée, De Brouwer et Cie., Bruges-Bruxelles-Lille-Paris, 7ª ed., p. 59-62 apud Plinio Corrêa de Oliveira, Nobleza y élites tradicionales análogas, en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la nobleza romana, Editorial Femando III el Santo, Madrid, 1993, vol. I, p. 288-290.
|
Madre de la Divina Gracia Nuestra Señora de la Cabeza Inclinada |
|
San Miguel del Milagro El estado de Tlaxcala, en México, se encuentra en un amplio valle desde el que se contemplan lejanos volcanes activos. Empinadas colinas se elevan sobre las fértiles tierras de cultivo, donde huertos, maizales y ranchos ganaderos cubren el paisaje... |
|
¡Vade retro Satanás! Un enemigo que nos vigila continuamente. Que como un chacal, ronda a sus víctimas al acecho del momento para devorarlas... |
|
El patrimonio más valioso es la herencia espiritual Grande y misteriosa cosa es la herencia, es decir, el paso a lo largo de una estirpe, perpetuándose de generación en generación, de un rico conjunto de bienes materiales y espirituales... |
|
El cedro del Líbano Alguien podría mirar un cedro y no darse cuenta de que posee un diseño arquitectónico, comparable a una inmóvil “coreografía” de hojas... |
|
¿Sería teológicamente incorrecto rendir culto a una parte del Cuerpo de Jesús, como por ejemplo a su Corazón? Agradezco la sinceridad del lector y aprovecho la ocasión para hacer una recomendación importante: siempre es prudente informarse bien antes de aceptar invitaciones para participar en encuentros de “formación” religiosa. No siempre tales ambientes resultan seguros desde el punto de vista doctrinario; al contrario, pueden introducir, de manera sutil, dudas acerca de prácticas tradicionales de piedad o incluso sobre verdades fundamentales de la fe... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino