Por los años de 1651 descubrió la piedad una sagrada efigie de un crucifijo en una pared antigua de una cofradía de negros que, para freno quizás de sus desórdenes gentílicos, fue hecha pintar con tal perfección que desmiente el tosco aparejo sobre el que se corrieron los pinceles. Este acreditado prodigio en su permanencia, pues siendo la pared formada en el haz de la tierra, a menos movimientos que las iras de Dios en los temblores, caducara y más cuando a la espalda corría perenne una acequia cuya corriente lamía su origen y le debilitaba, conmovió a veneración a todos sus habitantes de aquel barrio que por retirado del comercio servía de arrabal donde se había levantado desmonte e inevitable palenque de insultos y ofensas de Dios aun al más armado celo de las justicias. Sin embargo, conducidos de la devoción de la divina imagen concurrían fervorosos en días designados a desagraviar con oraciones las culpas que la humana fragilidad cometía, pero como sin permiso del párroco se actuaba el piadoso ejercicio parecía indecente la devoción y menos autorizado el culto que apercibido del cura de San Marcelo, en cuya feligresía está sita la capilla, solicitó con católico celo se borrase la efigie con autoridad del Ordinario. Se receló, no sin fundamento, alguna resistencia y para desarmarla se auxilió al Promotor eclesiástico de una escuadra de soldados de la guardia del virrey, Conde de Lemos, que entonces gobernaba; de este modo pasó con un pintor a deformar la Sagrada Imagen convocando la novedad numeroso concurso. Fijó este la escalera a la pared y al primer paso quedó sin movimiento, instó alentándole el Promotor fiscal, probó por segunda vez y se repitió el pasmo. Se atribuyó a pusilanimidad del artífice y se ofreció uno de los soldados a la ejecución de la orden. Pretendió intrépido cuando no sacrílego, oponerse a la Divina disposición, se puso en la escalera y halló cortado el paso del aliento y desordenado el vital movimiento cayó rendido en tierra, ocupando el temor a la vista de aquel portento todas las atenciones del concurso, creciendo el pavor viendo nublarse el cielo y sobrevenir una tempestad inesperada. Se sustituyó al asombro el confuso alarido del concurso que denominando la Sagrada Imagen el Señor de las Maravillas y el Santo Cristo de los Milagros llegó a los oídos de ambos gobiernos; al día siguiente asistió vuestro virrey a una misa solemne que cantó una Dignidad de la Metropolitana; ocurrió desde entonces con más decente culto a venerar la efigie toda la ciudad, implorando frecuentemente sus divinos auxilios.
El Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de los Reyes a Su Majestad, 27 de octubre de 1718 (A. de I. Lima 537), apud Rubén Vargas Ugarte SJ, Historia del Santo Cristo de los Milagros, 2ª edición, Lima, 1957, p. 158-160.
|
El Milagro del Sol Uno de los mayores portentos de la historia |
|
La Comunión Reparadora de los primeros sábados Esta última devoción vino a pedirla formalmente, apareciéndose a la hermana Lucía el 10 de diciembre de 1925... |
|
Francisco de Fátima Esta pequeñita alma contemplaba a Dios en las cosas creadas. La creación contiene en sí un reflejo de las perfecciones divinas, que la mirada humana percibe y el alma admira, elevando así, el espíritu al Creador... |
|
¿Condena la Iglesia Católica los horóscopos y las prácticas supersticiosas? La pregunta de mi interlocutor es muy pertinente, porque cuando la fe entre los fieles declina, las supersticiones en la sociedad aumentan automáticamente... |
|
El poder de San José Tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir... |
|
Estrella del Mar La naturaleza propia de las cosas espirituales es ser luz; en consecuencia, en sentido propio puede asemejarse a la de las estrellas por su brillo. De allí que la bienaventurada Virgen se denomine Estrella del Mar... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino