Plinio Corrêa de Oliveira En su expresión más exacta, el ángel arcabucero se asemeja a un gentilhombre según el estilo de los guerreros en parte de los siglos XVII y XVIII, especialmente durante la época de Luis XIV, rey de Francia. Este ángel aparece como un guerrero vestido con mucho donaire, pero que deja traslucir su naturaleza angélica y cualquier cosa de luminoso que lleva dentro. Su levedad produce la impresión de que la acción de la gravedad no le pesa y que, cuando marcha, va de un sitio a otro con un paso tan ligero como el de un pájaro que anda por el suelo entre dos vuelos. No da la impresión de que el arcabuz le pese. Está mirando a lo lejos con el fin de disparar, pero sin necesidad de forzar la vista.
Está en una actitud muy aguerrida, sin embargo no da la idea de que su oponente le ofrezca un obstáculo válido. Es perfectamente un ángel que no encuentra obstáculos ante sí porque el adversario ya está liquidado, tendido en el suelo. Es un ángel de triunfo, que destruye a quien desea. Aún más. Es un ángel que tiene un rey. Y ese rey es Dios. El está en la presencia de Dios. Esto indica que no es un ángel directamente orante, ni musicante, como los bellos ángeles de Fra Angelico. Pertenece al número de aquellos ángeles luchadores que brillan en presencia del Señor Dios de los Ejércitos, cuya lucha saben que es música para los oídos del Dios de todas las venganzas. Ellos traban una lucha sin odio; pero ejecutan los decretos de Dios con una decisión única.
|
En el Arte Culinario |
|
Santa María Soledad Torres Acosta El siglo XIX en España estuvo marcado por numerosos conflictos: la invasión napoleónica de la península ibérica, la inestabilidad política caracterizada por la alternancia de gobiernos liberales y conservadores, constantes guerras fratricidas, la persecución religiosa que condujo a la confiscación de bienes eclesiásticos y la implantación de leyes anticlericales, así como una aguda crisis económica derivada de la independencia de las naciones americanas... |
|
El rosario en la cárcel Si tía Olimpia tenía motivos para llorar, el administrador de Ourem se encontraba, en cambio, complacido sumamente con el éxito de su atrevido plan para secuestrar a los niños. Le proporcionaba cierto placer burlón el imaginarse a toda la multitud creyente y necia esperando en Cova da Iría una exhibición en la que los principales actores no aparecían... |
|
El amor materno, sublimidad del género humano En el orden personal, la Providencia dispuso una afinidad y una amistad de convivencia que, salvo excepciones, es mayor que todas las demás: entre madre e hijo... |
|
La Encarnación del Verbo de Dios Llegó, pues, el dichoso día en que despreciando el Altísimo los largos siglos de tan pesada ignorancia, determinó manifestarse a los hombres, y dar principio a la redención del linaje humano, tomando su naturaleza en las entrañas de María Santísima... |
|
¿Cómo nuestras oraciones pueden interceder por los difuntos? ¿Cómo pueden la oración y la misa por los difuntos conducirlos a la salvación, si cada uno es responsable por su propia salvación? ¿Por qué la Virgen y San José no pusieron el nombre de Enmanuel a Jesucristo conforme estaba escrito en las profecías, según el Nuevo Testamento? ¿A qué se refería Jesucristo al decirle a Pedro que lo llevarían a lugares adonde él no quisiera ir?... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino