Patrona de tu patria de este mundo, vela siempre por ella. Corresponde a su confianza, aun en el orden de la vida presente, amparándola en los terremotos y en las conmociones políticas. Extiende tu acción tutelar a las repúblicas jóvenes que la rodean y que te veneran también; de igual modo que a tu tierra natal, protégelas contra el espejismo de las utopías que llegan de nuestro viejo mundo, contra las revoluciones y las ilusiones de su propia juventud, contra las sectas condenadas que acabarían por sacudir hasta su fe siempre viva. Y, finalmente, Rosa amada del Señor, echa una sonrisa a toda la Iglesia, que hoy se siente arrebatada por tus celestiales encantos. A semejanza de ella, todos queremos correr en pos del olor de tus perfumes. Enséñanos a dejarnos ganar como tú por el rocío celestial. Enséñanos a responder a lo que, tomando la delantera, quiere de nosotros el divino escultor, el cual se te apareció un día entregando a la solicitud de los que ama los mármoles mejores de las virtudes, para que los pulan y los tallen con la ayuda de las lágrimas y del cincel de la penitencia. Y más que nada enséñanos la confianza y el amor. Dijiste tú que todo lo que obra el sol en la inmensidad del universo, haciendo brotar las flores y madurar los frutos, formando las perlas en el seno de los océanos y las piedras preciosas en los repliegues de las montañas, lo realizaba el Esposo en los espacios ilimitados de tu alma, produciendo en ella toda clase de riqueza, toda belleza, toda alegría, todo calor y toda vida. Logremos nosotros aprovecharnos, como tú, de la venida del sol de justicia a nuestras almas en el Sacramento de unión, no vivir más que de su luz bendita y exhalar el buen olor de Cristo en todas partes.
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¡Gloria a ti, Rosa bendita, del Perú radiante estrella, flor de los Cielos más bella que la flor de Jericó! |
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Jesús perdona a la Magdalena María Magdalena pertenecía a una rica familia de Betania. Tenía un hermano llamado Lázaro, y una hermana llamada Marta, ambos de mucha virtud. Ella, sin embargo, se dejó alucinar por el mundo y se volvió una pecadora pública. Movida por la gracia divina, fue a pedir perdón de sus culpas al Salvador... |
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La maternidad divina de María Algunos predicadores —como san Bernardino de Siena, el padre Monsabré, etc.— exaltando en demasía las glorias del sacerdocio, llegaron a decir que la dignidad del sacerdote es mayor que la de la Santísima Virgen... |
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Del Juicio Particular - I Dicen comúnmente los teólogos que el juicio particular se verifica en el mismo instante en que el hombre expira, y que en el propio lugar donde el alma se separa del cuerpo es juzgada por nuestro Señor Jesucristo, el cual no delegará su poder, sino que por Sí mismo vendrá a juzgar esta causa... |
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Palacio de Westminster El viejo Palacio de Westminster levantado en el siglo XI por Eduardo el Confesor, y convertido en la sede del Parlamento poco después, había sido devastado por un incendio en 1834 y reconstruido en 1876... |
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Cuaresma: tiempo penitencial Si la Semana Santa representa hoy en día poco más que un largo feriado en el calendario, es porque también la Cuaresma perdió su sentido. La idea de que el hombre debe apaciguar a la divinidad ofendida por sus crímenes, sometiendo su cuerpo a la expiación... |
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