Plinio Corrêa de Oliveira El personaje principal de este cuadro que se conserva en el Museo de Versalles es el rey Luis XVI, mucho antes de que estallara la Revolución de 1789. El artista Nicolas André Monsiau lo retrata en una sesión con el conde de La Pérouse, un importante navegante y explorador francés, Jean François de Galaup (1741-1788), oficial de la marina, a quien el rey confió la misión de emprender grandes viajes de descubrimiento científico alrededor del mundo. La escena transcurre en el despacho de Luis XVI, en el castillo de Versalles. Una sala con boiserie de madera clara, soberbia pero sencilla. Para el rey, un confortable sillón junto a la mesa, cubierta por un hermoso mantel que llega hasta el suelo, y sobre ella un globo terráqueo. Luis XVI era un gran conocedor de la geografía, que en aquel entonces ofrecía muchas más novedades que hoy en día, pues aún quedaba mucho por explorar. Lo vemos dando instrucciones al conde, revisando los planes de navegación y decidiendo cuál sería el más adecuado. A su alrededor, algunos hidalgos responsables de altos servicios en la marina francesa, vestidos con colores totalmente diferentes, trajes vagamente precursores del frac del siglo XIX; culottes, medias que llegan hasta la rodilla y zapatos de charol. Todos ellos se esmeran en sus tareas para auxiliar al rey y al noble navegante. Los colores de los trajes presentan una gran variedad, cada atuendo es un tema nuevo. Sería como una música nueva. Todos muy distinguidos, tan finos y al mismo tiempo tan alegres, que da gusto verlos. En este cuadro tan lleno de vitalidad, los personajes dan la impresión —por decirlo metafóricamente— de estar en una enorme jaula en la cual revolotean una variedad de pájaros, con diferentes plumajes y en distintas posturas de vuelo. Para quien sabe apreciarlo, resulta hasta cierto punto fascinante descubrir cómo una pintura puede convertirse en documento social de su época. El refinamiento muestra de un modo espléndido la excelencia de la quintaesencia.
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