La sexta estación del Via Crucis evoca a la Verónica enjugando el rostro ensangrentado de Jesús. Sobre esa conmovedora escena, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira escribió en 1943 la siguiente meditación: “Todos se reían de Vos, Señor mío, todos os herían, os ultrajaban. Vuestro divino Rostro, otrora radiante de hermosura, está ahora enteramente desfigurado. Sólo expresa el dolor, en su forma más aguda, más lacerante. A los ojos de esa turbamulta, ¿qué papel haría quien os consolase, quien tomase vuestro partido, quien se declarase vuestro? Atraería sobre sí mucho del odio, del desprecio, de la humillación que sobre Vos se lanzaba como impetuoso torrente, desde lo íntimo de aquellos corazones empedernidos, y, más aún, desde todas las calles, plazas y callejuelas de la ciudad deicida. La Verónica vio esto. Pero ella no tuvo miedo. Se aproximó de Vos. Os consoló. Y, ¡oh divina recompensa!, vuestro Rostro divino quedó para siempre estampado en el lienzo con que ella quiso enjugarlo. Dios mío, quiera mi corazón consolaros siempre. Y especialmente cuando todos se avergüenzan de Vos, dadme fuerzas para consolaros, proclamando en alto y con fuerza a mi Divino Rey. Como recompensa, no quiero otra sino tener vuestro Rostro estampado en mi corazón”. Sirvan estas elevadas consideraciones como introducción a nuestro Tema del Mes sobre el “Velo de la Verónica”, escrito por Luis Dufaur. Estudios de carácter científico realizados en las últimas décadas, han arrojado un caudal de información sobre esta preciosa reliquia del Divino Salvador. Sorprendentes revelaciones como éstas sirven para fortalecer nuestras convicciones religiosas. En Jesús y María, El Director
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El Velo de la Verónica¡Quién tuvo en sus manos tejido más augusto! |
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Stille Nacht ... |
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El mensaje de Fátima, hoy más urgente que nunca Al fallecer la hermana Lucía el 13 de febrero de 2005 a la edad de 97 años, algunas personas preguntaron si la muerte de la última vidente cerraba el ciclo de Fátima, y si el mensaje de la Santísima Virgen a los tres pastores es todavía oportuno... |
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El martirio de María ES CIERTO QUE cuanto más se ama una cosa, tanto más se siente la pena de perderla. La muerte de un hermano causa más aflicción que la muerte de un jumento, la de un hijo más que la de un amigo. Para comprender, pues, dice Cornelio Alápide cuán vehemente fue el dolor de María en la muerte de su Hijo, era preciso comprender cuánto era el amor que le tenía; pero ¿quién podrá medir este amor?... |
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La infinita grandeza del Dios Niño EN EL NIÑO JESÚS podríamos considerar, entre muchos aspectos —como, por ejemplo, la pobreza—, la infinita grandeza... |
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Estrella del Mar La naturaleza propia de las cosas espirituales es ser luz; en consecuencia, en sentido propio puede asemejarse a la de las estrellas por su brillo. De allí que la bienaventurada Virgen se denomine Estrella del Mar... |
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