Cuatro décadas atrás, las páginas de los principales periódicos del mundo reprodujeron la fotografía que ilustra nuestra portada, en la que se observa a la Imagen Peregrina Internacional de la Virgen de Fátima en el preciso momento en que derramaba lágrimas en la ciudad de Nueva Orleáns, EE. UU. ¿Qué mensaje nos quería transmitir la Virgen de aquel modo tan pungente? Ni una palabra brotó de sus labios; pero su rostro maternal se inundó de lágrimas. A consecuencia de aquel prodigioso hecho, la sagrada imagen quedó para siempre marcada por un vivísimo juego de fisonomías, sea de dolor, sea de consuelo, sea de esperanza. De esa manera Ella renueva, constantemente, un postrer llamado para atender los pedidos de oración, penitencia y enmienda de vida formulados en 1917 a los tres pastorcitos. En un interesante y documentado artículo de la sección Página Mariana, son esbozados los motivos que podrían haber desencadenado ese misterioso llanto. En él se analiza el triste e infortunado contexto en que tuvo lugar la lacrimación de la Virgen en Nueva Orleáns. Pero, ¿no existen hoy como ayer motivos – quizá más alarmantes aún– para que la Madre de Dios llore? Considerando la inmensa crisis moral y religiosa que abate al mundo contemporáneo, sin duda alguna, lo que más le debe causar dolor a María Santísima es la tremenda crisis que se desarrolla al interior del Cuerpo Místico de Cristo, la Santa Iglesia Católica. Ante esa dramática situación, una sola actitud coherente nos cabe a los católicos: consolar a la Santísima Virgen con una empeñosa atención a sus pedidos en Fátima, y una indeclinable confianza en la promesa del triunfo final de su Inmaculado Corazón. En Jesús y María, El Director
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Hace 40 años: Lágrimas de dolor profundo, en previsión del castigo que vendrá |
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En las costumbres de la Iglesia, reflejos de su santidad En la Iglesia Católica —como era en los buenos tiempos anteriores al modernismo—, cuando un obispo entraba en agonía, inmediatamente la primera preocupación de la Iglesia era enviar a un sacerdote para que lo confesara y le perdonara sus pecados. Si fallecía, comenzaban las oraciones por su alma, para liberarlo del Purgatorio... |
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Los objetos preciosos y la doctrina católica No sería justo juzgar la profesión de orfebre en sí misma inútil o nociva, y ver en ella una injuria a la pobreza, casi un desafío lanzado a los que no pueden tener parte en ello. Sin duda, en este campo más que en otros, es fácil el abuso... |
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El martirio de María ES CIERTO QUE cuanto más se ama una cosa, tanto más se siente la pena de perderla. La muerte de un hermano causa más aflicción que la muerte de un jumento, la de un hijo más que la de un amigo. Para comprender, pues, dice Cornelio Alápide cuán vehemente fue el dolor de María en la muerte de su Hijo, era preciso comprender cuánto era el amor que le tenía; pero ¿quién podrá medir este amor?... |
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El primer deber de caridad es corregir a los que yerran Refiriéndose a la falsa idea de amor al prójimo esparcida por los propagadores de la herejía modernista, enseña el Papa San Pío X... |
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¿Puede la psicoterapia procurar siempre el bien del alma? En su último libro “Los caminos de la psicología. Historia y tendencias contemporáneas”, nuestro entrevistado denuncia el abandono por parte de la psicología moderna de lo que, en cambio, debería ser su fin primordial: el cuidado del alma humana... |
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