Ambientes Costumbres Civilizaciones Lo inimaginable y lo soñado

Plinio Corrêa de Oliveira

Siempre que veo la fachada de la Catedral de Colonia, percibo en lo más hondo de mi alma el encuentro de dos impresiones aparentemente contradictorias. Por un lado, es una realidad tan bella que, si yo no la conociera, no sería capaz de soñarla. Pero, por otro lado, algo dice en mi interior: “¡realmente esta catedral debería existir!” Y esta fachada inimaginable es para mí, al mismo tempo, paradójicamente, una vieja conocida… Es como si yo hubiese soñado toda la vida con ella.

Lo inimaginable y lo soñado se encuentran en esta contradicción. Contradicción aparente, pues algo en lo más hondo de nosotros mismos desea cosas que no somos capaces de imaginar; algo delinea, sin que lo percibamos, una figura de maravillas. Y cuando encontramos la maravilla anhelada y esbozada, nacida de las apetencias de nuestra alma, ese algo parece decirnos: “¡Ah! ¡Aquí está la catedral esperada! ¡Yo no podía morir sin haber visto esta fachada! Mi vida no sería completa, y no sería plenamente yo mismo, si no la hubiese visto! ¡Oh catedral bendita! ¡Oh estilo bendito!”

Ella consigue que yo salga a la luz de mí mismo, y, por así decir, me conozca a mí mismo. Y conozca algo para lo cual fui hecho, algo que se expresa en este monumento gótico. ¡Algo de misterioso, que reclama toda mi dedicación, reclama todo mi entusiasmo, reclama que mi alma sea enteramente conforme a las maravillas de la Iglesia Católica!

Es una escuela de pensamiento, de voluntad y de sensibilidad. Es un modo de ser que de allí se eleva, y para el cual yo siento que nací. Es algo mucho mayor que yo, muy anterior a mí. Algo que viene de siglos en los cuales yo era nada. Viene de la mentalidad católica de hombres que me antecedieron y que también tenían, en el fondo de su alma, ese mismo deseo de lo inimaginable. Y ellos hasta concibieron lo que yo no concebí e hicieron lo que yo no hice. Pero es un deseo tan alto, tan universal, tan correspondiente a los anhelos profundos de tantos y tantos hombres, que el monumento quedó para todo y siempre: ¡la Catedral de Colonia!

‹ Asociaciones religiosas de otrora Palabras del director Nº 146 - Febrero 2014 - Año XIII ›
Palabras del director Nº 146 - Febrero 2014 - Año XIII ›
‹ Asociaciones religiosas de otrora



Tesoros de la Fe N°146 febrero 2014


La Virgen de la Soledad
Nº 146 - Febrero 2014 - Año XIII La más bella de todas las virtudes ¿Qué pasa con Facebook? Nuestra Señora de la Soledad ¿Qué son la nobleza y las élites tradicionales análogas? San Leandro de Sevilla Asociaciones religiosas de otrora Lo inimaginable y lo soñado



 Artículos relacionados
Espíritu cristiano y espíritu pagano manifestados en la arquitectura ¿Mera diferencia de estilos arquitectónicos? “El estilo es el hombre”, se dice en literatura. El estilo es la época, se podría decir en arquitectura. Cada estilo resulta de un conjunto de tendencias, ideas, aspiraciones y actitudes mentales...

Leer artículo

Guillermo II y la emperatriz Sissi Soberano prototípico de su época rinde homenaje a los “modales llenos de dignidad y a la postura magnífica que caracterizaban a la emperatriz”...

Leer artículo

Dos modos de ver la vida del campo Seis de la tarde. La faena diaria se ha terminado. La noble tranquilidad de la atmósfera envuelve la inmensidad de los campos, invitando al reposo y al recogimiento. Un crepúsculo color de oro transfigura la naturaleza, haciendo brillar en todas las cosas un reflejo lejano y suave de la inexpresable majestad de Dios...

Leer artículo

Pobreza y esplendor Extremos armónicos en el firmamento de la Iglesia. Un aspecto de la Santa Iglesia. Envuelto en la penumbra, con un cráneo en la mano que evoca la muerte, San Francisco mira hacia lo alto en una actitud de profunda oración. Vestido con una sencilla y pobre túnica, que...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino