Lectura Espiritual Sexto artículo del Credo Subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre

Terminada la obra de la Redención, Jesucristo en cuanto hombre y por su propio poder, subió en cuerpo y alma al cielo; pues en cuanto Dios nunca faltó de él. Y que está colocado en un lugar igual al del Padre en cuanto Dios, y de mayor preferencia que el de todos los justos y espíritus bienaventurados, en cuanto hombre (Pbro. D. Eulogio Horcajo Monte de Oria, «El Cristiano Instruido en su Ley», Madrid, 1891, p. 69).


Ascensión de Cristo, Luca della Robbia, siglo XV — Catedral de Florencia


El sexto artículo del Credo nos enseña que Jesucristo, cuarenta días después de su resurrección, subió por sí mismo al cielo en presencia de sus discípulos, y que, siendo, como Dios, igual al Padre en la gloria, fue, como hombre, ensalzado sobre todos los ángeles y santos y constituido Señor de todas las cosas.

Jesucristo, después de su resurrección, se quedó cuarenta días en la tierra, para probar con varias apariciones que verdaderamente había resucitado, y para instruir mejor y confirmar a los Apóstoles en las verdades de la fe.

Jesucristo subió al cielo: l) para tomar posesión de su reino, conquistado con su muerte; 2) para prepararnos tronos de gloria y para ser nuestro Medianero y Abogado cerca del Padre; 3) para enviar el Espíritu Santo a sus Apóstoles.

A la derecha de Dios en el Cielo

Se dice de Jesucristo que subió a los cielos y de su Madre Santísima que fue asunta, porque Jesucristo, por ser Hombre-Dios, subió al cielo por su propia virtud, pero su Madre, como era criatura, aunque la más digna de todas, subió al cielo por la virtud de Dios.

La palabra está sentado significa la eterna y pacífica posesión que Jesucristo tiene de su gloria, y la expresión a la diestra de Dios Padre quiere decir que ocupa el puesto de honor sobre todas las criaturas (Catecismo Mayor de San Pío X, Ed. Magisterio Español, Vitoria, 1973, p. 20).     



La Virgen de la Nube Santa Teresa de Jesús
Santa Teresa de Jesús
La Virgen de la Nube



Tesoros de la Fe N°22 octubre 2003


La Virgen de la Nube
La Virgen de la Nube Sexto artículo del Credo Subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre Santa Teresa de Jesús ¿El testimonio de los Apóstoles es la base doctrinaria de todo el Cristianismo? ¿Cómo saber que no hubo un fraude en la redacción del Nuevo Testamento?



 Artículos relacionados
Noveno artículo del Credo - I Creo en la Santa Iglesia Católica, en la Comunión de los Santos Dios, por una gracia particular, nos ha llamado a la Iglesia de Jesucristo, para que con la luz de la fe y la observancia de la divina ley le demos el debido culto y lleguemos a la vida eterna...

Leer artículo

Noveno artículo del Credo - III Creo en la Santa Iglesia Católica, en la Comunión de los Santos La Iglesia docente y la Iglesia discente son dos partes distintas de una misma y única Iglesia, como en el cuerpo humano la cabeza es distinta de los otros miembros, y con todo forma con ellos un solo cuerpo. Componen la Iglesia docente todos los Obispos, con el Romano Pontífice a la cabeza, ya se hallen dispersos, ya congregados en Concilio. Componen la Iglesia discente o enseñada todos los fieles...

Leer artículo

Décimo y undécimo artículos del Credo El perdón de los pecados, la resurrección de los muertos La Iglesia perdona los pecados por los méritos de Jesucristo, confiriendo los sacramentos instituidos por Él con este fin, principalmente el Bautismo y la Penitencia. La resurrección de los muertos sucederá por la virtud de Dios omnipotente, a quien nada es imposible. Ello acaecerá al fin del mundo, y entonces seguirá el juicio universal...

Leer artículo

Introducción El símbolo de los Apóstoles Se llama Credo, por la primera palabra con que comienza, y Símbolo, porque era la señal o fórmula con que se reconocían los cristianos católicos en los primeros tiempos. El que quería tomar parte en la misa o en los divinos misterios, era examinado por el símbolo; si no lo sabía, no era admitido...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino