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Obispo y confesor En el mundo bárbaro y cruel de la Galia merovingia del siglo V, este santo obispo bretón —que mató de un solo soplo de su boca a un arrogante carcelero— destacó por su firmeza como pastor de almas y el poder de los milagros. Plinio María Solimeo
El primer biógrafo de san Albino fue san Venancio Fortunato (530-609), obispo de Poitiers, poeta y compositor de himnos latinos. Más adelante, en plena Edad Media, Nicholas Belfort, canónigo regular del monasterio de San Juan Bautista de Soissons, hizo una notable descripción de los milagros que tuvieron lugar en la tumba de san Albino después del año 1000. Según sus biógrafos, Albino nació en el año 469 en Vannes, Bretaña, en el seno de una noble familia galo-romana. Desde muy joven mostró una gran piedad y un corazón generoso, buscando a Dios en todas las cosas. Suspiraba ardientemente por la felicidad que el alma devota encuentra al despojarse de las cosas terrenales. Por esta razón, desde muy joven se inclinó por la vida religiosa, ingresando a los 20 años de edad en el monasterio de Tincillac, cerca de Saumur, también conocido como Nuestra Señora de Nantilly, a pesar de la desaprobación de sus padres. Albino se distinguió pronto como modelo perfecto de las virtudes monásticas. Vivía como si no tuviera voluntad propia, con el alma tan perfectamente gobernada por el espíritu de Nuestro Señor Jesucristo que solo vivía para Él. Para ejercitar la virtud de la humildad, se entregaba a austeras mortificaciones y se ocupaba de las tareas más bajas y humillantes del convento.
Abad y obispo En 504, aunque apenas tenía 35 años de edad, su edificante vida religiosa y sus dotes de gobierno llevaron a sus hermanos de hábito a elegirlo como abad. Albino desempeñó ese cargo durante más de 30 años, dirigiendo a la comunidad con sabiduría y firmeza, haciendo brillar la virtud y el orden. De modo tal que en ese tiempo el monasterio prosperó espiritual y materialmente.
Al trascender su fama los muros del convento, Albino fue elegido por el clero y el pueblo de Angers, como era costumbre en la época, para ser su obispo. El santo se mostró como un pastor celoso y capaz, sobresaliendo, como siempre, por su piedad y devoción. Se dedicó con diligencia a la instrucción de su rebaño, porque decía que el alma necesita del alimento diario tan imprescindiblemente como el cuerpo. Prestó especial atención a los pobres, destinando grandes sumas de dinero para socorrerlos. Otra de sus grandes preocupaciones fue rescatar a los fieles de su diócesis que habían sido tomados cautivos por piratas que navegaban por el río Loira. Consiguió rescatar a la mayoría de ellos con los recursos de que disponía para obras de beneficencia. Por este motivo, se convirtió en el santo protector contra los ataques piratas en aquel río. Un hagiógrafo afirma que debido a sus numerosas virtudes, es difícil determinar en cuál de ellas sobresalió más. Otro comenta que, “si fuera posible identificar su virtud dominante entre las muchas que practicó como obispo, se podría decir que fue la caridad. En efecto, ella no tenía límites para con los desventurados, los prisioneros y los enfermos, y frecuentemente Dios lo recompensaba con los más notables milagros”.1 Lucha contra las costumbres incestuosas
Sin embargo, uno de sus mayores empeños en aquellos tiempos aún muy bárbaros fue su encarnizada lucha contra la pecaminosa costumbre que existía entre ciertos miembros de la nobleza de casarse incestuosamente con sus propias hermanas e incluso hijas, lo que le granjeó muchos enemigos en las familias que lo practicaban. Llegó a recibir amenazas de muerte y acabó enfrentándose a obispos laxistas que, para complacer a algunos nobles, cerraban los ojos ante esta terrible costumbre. En 538 y 541, san Albino participó en los Concilios de Orleans. Apoyados por la Santa Sede, condenaron enérgicamente esta y otras prácticas inmorales, contribuyendo en gran medida a elevar la moralidad de la sociedad en aquella época bárbara. Consta en el Martirologio Romano, del 1 de marzo: “En Andgevia (hoy Anjou), en la Galia Lugdunense, san Albino, obispo, que reprendió con vehemencia las orgullosas costumbres de los poderosos y, para renovar la Iglesia, promovió con empeño el Tercer Concilio de Orleans (c. 550)”. En esta ardua lucha, san Albino contó con la aprobación de san Cesáreo de Arlés —uno de los líderes políticos y eclesiásticos más importantes de la Galia de la primera mitad del siglo VI—, que le dio un nuevo impulso para proseguir su difícil y peligrosa cruzada moralizadora.
El gran taumaturgo Entre los milagros atribuidos a san Albino figuran la resurrección de un niño y aquel en que, habiendo muerto uno de sus sirvientes durante su ausencia, los sepultureros no pudieron enterrarlo hasta que llegó el obispo para encomendar su alma a Dios.2 También se cuenta que una vez, cuando pasaba cerca de la prisión de la ciudad episcopal, oyó los gritos y gemidos de unos presos que estaban siendo maltratados. Inmediatamente se dirigió al magistrado para pedir la liberación de los infelices.
Al serle denegada la petición, el santo regresó a la prisión y pasó la noche rezando frente a ella. De repente se produjo un deslizamiento de tierra que derribó parte de la torre donde se encontraban los presos. Estos escaparon y siguieron al santo hasta una iglesia. Después de confesarse, reformaron sus vidas y se convirtieron en cristianos ejemplares.3 Según otra tradición de la época, por orden del rey Childeberto (496-558), una pobre mujer, Eteria, fue encarcelada por deudas. Ahora bien, este rey —uno de los hijos más religiosos de Clodoveo y el responsable de la construcción del famoso monasterio de San Vicente, actual abadía de Saint-Germain-des-Près— era amigo de san Albino y respetaba mucho sus opiniones. Por esta razón, el caritativo pastor no dudó en ir a la cárcel para intentar liberar a Eteria.4 Al entrar, como era de esperarse, los carceleros se hicieron a un lado para permitirle el paso. Sin embargo, uno de ellos, a quien no le agradaba el obispo, se paró frente a él, resistiéndose e impidiéndole ostensiblemente el paso. San Albino se limitó a soplar en el rostro del agresor, que cayó fulminado y muerto a sus pies. Esto impresionó tanto al rey que consintió en recibir la fianza de manos de san Albino y liberar a Eteria. Por último, un hombre que sufría fuertemente de los riñones se postró a los pies del santo implorándole su bendición. Lleno de misericordia, san Albino le impuso las manos y lo bendijo. Al instante, el hombre expulsó un cálculo renal y se curó. A raíz de ello, san Albino pasó a ser invocado como protector de los que padecen enfermedades renales.5 Muerte y actuación post mortem Después de un largo viaje a Arlés para consultar a san Cesáreo sobre cuestiones relativas al gobierno episcopal, el gran obispo falleció el 1 de marzo de 550 y fue enterrado en la iglesia de San Pedro de Angers. El año 556 se le dedicó una iglesia, a cuya cripta fueron trasladados sus restos mortales. Cerca de esta iglesia surgió enseguida una abadía benedictina, en la que descansó el cuerpo de san Albino en 1126. Sin embargo, según algunas fuentes, sus reliquias se veneran actualmente en la capital francesa, en la iglesia de Saint Germain-en-Laye.
San Gregorio de Tours (538-594), obispo de Tours e historiador galo-romano, afirma que ya en su época el culto a san Albino estaba generalizado, extendiéndose posteriormente a Alemania, Inglaterra y Polonia, lo que convirtió a Albino en uno de los santos más populares de la Edad Media.6 San Albino de Angers, entre otros patronazgos, tiene el de la colegiata de Guérande, en la Bretaña francesa, que le fue dedicada a raíz de una aparición suya en el siglo X, según una tradición inmemorial, durante la invasión de los normandos. Una vez que dichos bárbaros sitiaron la ciudad, sus defensores estaban a punto de capitular cuando resolvieron pedir la intercesión de san Albino, obispo y confesor. El bienaventurado no se hizo de oídos sordos y obtuvo de Dios que enviara a un joven montado en un caballo blanco —probablemente un ángel— que tomó el mando de los sitiados y los condujo a la victoria. Este hecho está ilustrado en una vidriera del siglo XVI que se conserva en aquella iglesia.
Notas.- 1. https://brasilterradesantacruz.com.br/santo-albino-bispo-e-confessor/.2. https://sanctoral.com/en/saints/saint_albinus.html.
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