Lectura Espiritual Incesante rivalidad entre la cruz y el mundo

En el siguiente trecho de la «Carta circular a los Amigos de la Cruz», de San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), el incomparable santo mariano —con su ardor característico— nos advierte de la profunda y eterna incompatibilidad entre el espíritu del mundo y el amor a Jesucristo.


Queridos hermanos, ahí tenéis los dos bandos con los que a diario nos encontramos: el de Jesucristo y el del mundo. A la derecha, el de nuestro amable Salvador. Sube por un camino estrecho y angosto como nunca a causa de la corrupción del mundo. El buen Maestro va delante, descalzo, la cabeza coronada de espinas, el cuerpo ensangrentado y cargado con una pesada cruz.

Sólo le sigue un puñado de personas —si bien las más valientes—, ya que su voz es tan delicada que no se la puede oír en medio del tumulto del mundo o porque se carece del valor necesario para seguirlo en la pobreza, los dolores y humillaciones y demás cruces que es preciso llevar para servir al Señor todos los días.

A la izquierda, el bando del mundo o del demonio. Es el más nutrido, el más espléndido y brillante —al menos, en apariencia. Lo más selecto del mundo corre hacia él. Se apretujan, aunque los caminos son anchos y más espaciosos que nunca, a causa de las multitudes que, igual que torrentes, transitan por ellos. Están sembrados de flores, bordados de placeres y diversiones, cubiertos de oro y plata.

A la derecha, el pequeño rebaño que sigue a Cristo habla sólo de lágrimas, penitencias, oraciones y menosprecio del mundo. Se oyen continuamente estas palabras, entrecortadas por sollozos: «Sufrimientos, lágrimas, ayunos, oraciones, olvidos, humillaciones, pobreza, mortificaciones. Pues el que no tiene el espíritu de Cristo —que es espíritu de cruz— no es de Cristo. Los que son del Mesías han crucificado sus bajos instintos con sus pasiones y deseos (Gál. 5, 24). O somos imagen viviente de Jesucristo o nos condenamos».

«¡Ánimo!, gritan. ¡Ánimo! Si Dios está por nosotros, en nosotros y delante de nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que está en nosotros es más fuerte que el que está en el mundo. Un criado no es más que su amo (Jn. 13, 16; 15, 20). Una momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria. El número de los elegidos es menor de lo que se piensa. Sólo los esforzados y violentos arrebatan el cielo. Tampoco un atleta recibe el premio si no compite conforme al reglamento (2 Tim. 2, 5), conforme al Evangelio y no según la moda. ¡Luchemos, pues, con valor! ¡Corramos de prisa para alcanzar la meta y ganar la corona!»

*     *     *

Acordaos, queridos hermanos, de que el buen Jesús os está mirando y os dice a cada uno en particular: «Casi todos me abandonan en el camino real de la cruz. Los idólatras, enceguecidos, se burlan de mi cruz como si fuera una locura; los judíos, en su obstinación, se escandalizan de ella como si fuera un objeto de horror; los herejes la destrozan y derriban como cosa despreciable. Pero —y esto lo digo con los ojos arrasados en lágrimas y el corazón traspasado de dolor— mis hijos, criados a mis pechos e instruidos en mi escuela, mis propios miembros, vivificados por mi Espíritu, me han abandonado y despreciado, haciéndose enemigos de mi cruz. ¿También vosotros queréis marcharos? (Jn. 6, 68) ¿También vosotros queréis abandonarme, huyendo de mi cruz, igual que los mundanos, que en esto son otros tantos anticristos? ¿Queréis —para conformaros a este siglo— despreciar la pobreza de mi cruz para correr tras las riquezas; esquivar los dolores de mi cruz para buscar los placeres; odiar las humillaciones de mi cruz para codiciar los honores?

Tengo aparentemente muchos amigos que aseguran amarme, pero en el fondo me aborrecen, porque no aman mi cruz. Tengo muchos amigos de mi mesa y muy pocos de mi cruz».     



San Luis María Grignion de Montfort — Obras, B.A.C. , Madrid, 1984, pp. 214-215.

Límites de la obediencia debida a los padres San Estanislao Kostka
San Estanislao Kostka
Límites de la obediencia debida a los padres



Tesoros de la Fe N°83 noviembre 2008


La Medalla Milagrosa
Devastación moral emprendida por la TV Doña Isabel la Católica dictando su testamento Límites de la obediencia debida a los padres Incesante rivalidad entre la cruz y el mundo San Estanislao Kostka ¿Cómo usar la Medalla Milagrosa y qué favores se reciben?



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