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Continuando con la trascripción de extractos del libro «Pensamientos Consoladores de San Francisco de Sales»,presentamos nuevas reflexiones del santo en las cuales aconseja recibir como una honra los sufrimientos por amor de Dios.
Felices los que sufren persecuciones por amor a la justicia. Esta bienaventuranza, la última en su categoría es la primera en la estima, y la considero como la suprema felicidad de la vida presente. Los que son injustamente perseguidos tienen más semejanza con el Salvador y llevan una vida oculta con Jesucristo en Dios. […] Sufrir es casi el único bien que en este mundo podemos practicar; porque raramente practicamos algún bien al que no le añadamos el mal. […] ¡Bienaventurados los crucificados! En este mundo nuestra herencia es la cruz; pero en la otra será la gloria. Todo pasa. Después de algunos días más que nos restan de esta vida mortal, vendrá la infinita eternidad. Poco nos importa que tengamos aquí comodidades o no, con tal que seamos felices por toda la eternidad. Sea nuestra consolación la eternidad santa que nos espera y la gracia de ser cristianos, hijos de Jesucristo y regenerados con su sangre, porque nuestra gloria consiste en que Jesucristo haya muerto por nosotros. Bienaventurados los que sufren persecuciones por amor a la justicia, porque su vida está oculta con Jesucristo en Dios y está hecha a su imagen, porque Él fue toda su vida perseguido. “Seréis muy felices —dice Nuestro Señor— cuando los hombres dijesen toda clase de males contra vosotros por mi causa”. “Si el mundo —dice San Pablo— no tuviese nada que decir contra nosotros, no seríamos verdaderos siervos de Dios”. No te inquietes con lo que el mundo diga de ti y tendrás paz interior; espera el juicio de Dios y entonces juzgarás a los que te hubiesen juzgado. Si el mundo nos desprecia, regocijémonos, porque tiene razón, puesto que somos tan dignos de desprecio. Si nos estima despreciemos su estima y juicio, porque es ciego. Dale poca importancia a lo que el mundo piensa; no te preocupes por ello; menosprecia su halago y su desprecio, y deja que diga el bien o el mal que quiera. […] ¿Qué es la reputación, ídolo al que tantos se sacrifican? Al fin de cuentas es un sueño, una opinión, una humareda, una alabanza en la cual la memoria muere con el sonido, una estima que es tan falsa que muchos se admiran que le halaguen las virtudes, cuando poseen los vicios opuestos; y que le censuren los vicios de que están exentos. Es conveniente que estimemos ser censurados, porque si no lo merecemos de una forma, lo merecemos de otra. […] Considerando esto, debes recibir con paciencia y dulzura las tribulaciones que sufras, por amor de Aquel que las permite únicamente para tu bien. Eleva, pues, el corazón a Dios; pídele auxilio y asienta la consolación en la felicidad de pertenecerle. Pocas serán para ti las ocasiones de disgustos si tienes tal amigo, auxilio y refugio. *P. Jean-Joseph Huguet S.M., Pensamientos Consoladores de San Francisco de Sales, Livraria Salesiana Editora, São Paulo, 1946, p. 213-221.
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