Plinio Corrêa de Oliveira El Acuario

Una vez visité un acuario en el que cada pez permanecía en su área. Me sorprendió lo sensibles que se mostraban en relación a cualquier cosa que se encontraba en el camino de su incesante y ocioso andar a través de su medio líquido: el contacto con la vegetación, algún pequeño obstáculo, hasta una burbuja de aire tenía inmediatamente un efecto en su dirección y movimientos.

Tuve ganas de saber cómo reaccionaba su sensibilidad con respecto a lo que pasaba fuera de la pecera, puesto que esta tenía uno de sus lados enteramente dispuesto para la observación de los visitantes.

Los peces literalmente apoyaban sus bocas —uno podría decir hasta sus ojos— en el vidrio. Pero eran completamente insensibles a cualquier cosa que estuviera fuera: una mano descansando sobre el vidrio, dedos gesticulando o golpeando; nada de ello les causaba la más mínima reacción. El mundo fuera de la pecera podría estar cayéndose, pero ninguno de estos peces le prestaría la más mínima atención, hasta que ello no sucediese dentro de su pequeño y líquido mundo.

Me vienen a la mente aquellos peces cuando veo las actitudes de algunos de mis contemporáneos —y no pocos de ellos— cuando reciben noticias o comentarios sobre el mundo de hoy, a través de la televisión, la radio o los diarios. Con cada vez mayor frecuencia, las noticias tratan de catástrofes individuales, locales y hasta nacionales. A veces es hasta discutida la destrucción del mundo en una hecatombe nuclear. La persona que escucha tales noticias permanece indiferente, mientras no causen inmediatas repercusiones en su pequeña vida privada, en su acuario.

Síntomas de alarmante corrupción, contradicciones aberrantes, indicaciones inquietantes sobre transformaciones de la psicología de grupos sociales; nada de ello es relevante mientras que su vida mezquina continúe inalterada unos pocos días más, o, tal vez, solo algunas horas.

Esa actitud me llamaba muchísimo la atención.

Justo en frente de la pecera, tuve el deseo —afortunadamente controlado— de golpear el vidrio y hablarle a los peces para que realmente sintieran la realidad del mundo externo en el que yo estaba y que ellos ignoraban completamente. También tuve el deseo de golpear otros “vidrios” en los que algunos “peces contemporáneos” viven, escondidos en su pequeño mundo, indiferentes a lo que pase afuera.

 

Cf. “Folha de S. Paulo”, 30 de setiembre de 1982.

La Virgen del Hacha San Nuno de Santa María
San Nuno de Santa María
La Virgen del Hacha



Tesoros de la Fe N°251 noviembre 2022


San Nuno Álvares Pereira Noble guerrero y carmelita portugués
Noviembre de 2022 – Año XXI “Y líbranos del mal” La Ciencia busca nuevas evidencias del Diluvio Importancia de la Familia La Virgen del Hacha El Acuario San Nuno de Santa María Contemplación y disipación Taller de costura en Bretaña



 Artículos relacionados
El fin legítimo de la guerra es la paz en la justicia En primer lugar, hay guerras que son justas. Son las que están destinadas a reprimir una acción culpable del adversario...

Leer artículo

Santa Eustoquia, Virgen Eustoquia nació en Roma el año 368, siendo la tercera de las cuatro hijas del senador romano Toxocio y de su esposa Paula...

Leer artículo

¿Dónde nació la Santísima Virgen? Para comprender la falta de informaciones sobre la vida de Nuestra Señora en los primeros siglos de la Iglesia, es conveniente tomar en cuenta las particularidades de aquella época...

Leer artículo

La Santísima Virgen glorificada en Shimabara En el legendario Japón —más concretamente en Fujisawa, en la prefectura de Kanagawa— está a punto de terminarse la mayor estatua de la Santísima Virgen hecha de madera maciza del mundo, tras 40 años de trabajo manual...

Leer artículo

La prodigiosa inspiración del Espíritu Santo En los países católicos existe una enorme variedad de panes y postres que se preparan especialmente para Navidad...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino