Tema del mes El adorable Sagrado Corazón de Jesús

Imponente imagen del Sagrado Corazón de Jesús que se venera en una de las capillas de la Iglesia de San Sulpicio, en París.

La devoción al Sacratísimo Corazón se enriquece admirablemente cuando se une a la devoción al Corazón Inmaculado de María, porque la Santísima Virgen es el camino más seguro, fácil y rápido para llegar a nuestro Divino Redentor


Paulo Roberto Campos

“El culto al Sagrado Corazón es la quintaesencia del cristianismo, el compendio y el resumen de toda la religión”, escribió de modo lapidario el obispo de Poitiers, Louis-Édouard François Désiré Pie (1815-1880), más conocido como el cardenal Pie, por quien san Pío X profesaba una gran admiración.

Entre las numerosas recomendaciones de papas y santos que muestran la importancia primordial de esta devoción, podemos citar, a modo de ejemplo, las palabras del beato Pío IX (1846-1878) al fundador de los Misioneros del Corazón de Jesús, el padre Jules Chevalier: “La Iglesia y la sociedad no tienen otra esperanza que el Sagrado Corazón de Jesús. Es Él quien habrá de curar todos nuestros males. Predicad y difundid por todas partes la devoción al Sagrado Corazón, ella ha de constituir la salvación del mundo”.1

El Amor divino no correspondido por la ingratitud humana

Iglesia de San Sulpicio, en París

El mes de junio está consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta solemne se celebra el viernes siguiente a la octava del Corpus Christi, que este año cae el 7 de junio. La Santa Iglesia lo estableció como prolongación de la conmemoración del Corpus Christi (30 de mayo).

Metafóricamente, el sustantivo corazón se utiliza para simbolizar valores de orden moral: la pureza, por ejemplo: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8). Pero, sobre todo, simboliza el amor extremo de Aquel que dijo: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29). Es el amor de Jesucristo por sus hijos, que son duros de corazón, pero por los que Él se ofreció como víctima para redimirlos y salvarlos eternamente.

Este aspecto sublime nos es presentado en la iconografía con la imagen de Nuestro Señor señalando su Corazón, en recuerdo de lo que Él le dijo a santa Margarita María Alacoque (1647-1690) el 16 de junio de 1675 en el convento de la Visitación de Santa María en Paray-le-Monial, cuando se lamentaba:

“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha reservado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor. Como reconocimiento no recibo de la mayor parte de ellos sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sus sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de Amor. Sin embargo, lo que me es más sensible es que hay corazones consagrados que actúan así”.2

“La Gran Promesa” del Sagrado Corazón de Jesús

Aparición del Sagrado Corazón de Jesús a santa Margarita María Alacoque, Carlo Muccioli, 1920 – Mosaico, Basílica de San Pedro, Vaticano

Precisamente para desagraviar las ofensas a su Divino Corazón, Nuestro Señor orientó a esta misma santa —cuya vida estuvo consagrada por entero al culto del Sagrado Corazón e hizo todo lo que le fue posible para extender esta sacratísima devoción, siempre aconsejada por san Claudio la Colombière— para que exhortara a todos los católicos a abrazar el piadoso hábito de la comunión reparadora de los primeros viernes de cada mes. Jesucristo prometió que concedería la gracia de la salvación eterna a todos aquellos que, durante nueve meses seguidos, comulgaran el primer viernes con la intención de desagraviarle. En otras palabras, quien cumpliera su deseo no moriría en pecado y tendría garantizada la felicidad eterna en el cielo. Para alcanzar dicha gracia, sin embargo, existe además la obligación de no transgredir los diez mandamientos de la Ley de Dios. Esta garantía de salvación eterna se conoce como la “Gran Promesa” del Sagrado Corazón.

Estas fueron las divinas palabras dirigidas a santa Margarita:

“Te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán en mi desgracia y sin haber recibido los sacramentos; mi divino Corazón será su asilo seguro en el último momento”.3

Como complemento de la santa costumbre de la comunión reparadora, se recomienda de modo muy especial la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, tanto para cada persona considerada individualmente como para toda la familia. Existe para ello una hermosa e inspiradísima consagración a Nuestro Señor, compuesta por la gran santa de Paray-le-Monial, cuyo texto proponemos a nuestros lectores y a sus familias.

Basílica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús en Paray-le-Monial

La Santísima Virgen está inseparablemente unida a Jesucristo

En su encíclica Haurietis Aquas, publicada en 1956, año del centenario de la extensión a toda la Iglesia de la fiesta litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa Pío XII escribió de manera magistral:

“El Corazón de nuestro Salvador en cierto modo refleja la imagen de la divina Persona del Verbo, y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y así en él podemos considerar no solo el símbolo, sino también, en cierto modo, la síntesis de todo el misterio de nuestra Redención. Luego, cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en él y por él adoramos así el amor increado del Verbo divino como su amor humano, con todos sus demás afectos y virtudes, pues por un amor y por el otro nuestro Redentor se movió a inmolarse por nosotros y por toda la Iglesia, su Esposa”.4

En Fátima se inculca, con expresiva insistencia, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el centro de la explanada del santuario portugués, se encuentra esta magnífica imagen dorada del Sagrado Corazón.

Dos devociones inseparables, hasta el extremo de que san Juan Eudes, fundador de la Congregación de Jesús y María, enseñó que ambas devociones podían resumirse en una sola, sintetizada en la jaculatoria “Sagrado Corazón de Jesús y María”, de tal manera están unidos ambos corazones.

En la misma encíclica Haurietis Aquas, Pío XII recomienda: “Para que la devoción al Corazón augustísimo de Jesús produzca más copiosos frutos de bien en la familia cristiana y aun en toda la humanidad, procuren los fieles unir a ella estrechamente la devoción al Inmaculado Corazón de la Madre de Dios. Ha sido voluntad de Dios que, en la obra de la Redención humana, la Santísima Virgen María estuviese inseparablemente unida con Jesucristo; tanto, que nuestra salvación es fruto de la caridad de Jesucristo y de sus padecimientos, a los cuales estaban íntimamente unidos el amor y los dolores de su Madre.

“Por eso, el pueblo cristiano que por medio de María ha recibido de Jesucristo la vida divina, después de haber dado al Sagrado Corazón de Jesús el debido culto, rinda también al amantísimo Corazón de su Madre celestial parecidos obsequios de piedad, de amor, de agradecimiento y de reparación. En armonía con este sapientísimo y suavísimo designio de la divina Providencia, Nos mismo, con un acto solemne, dedicamos y consagramos la santa Iglesia y el mundo entero al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María”.5

La plenitud del culto al Sagrado Corazón de Jesús

En la misma línea de la citada encíclica, Plinio Corrêa de Oliveira escribió en un artículo publicado el 2 de junio de 1946 en el semanario Legionário: “La idea del culto al Corazón Inmaculado de María está relacionada con la mediación universal. Así como en el culto al Sagrado Corazón de Jesús tenemos en vista lo íntimo del misterio de Cristo, su aspecto más profundo como Redentor, del mismo modo en el culto al Corazón de María tenemos en vista lo íntimo del misterio de la Madre de Dios, por el cual está en unión necesaria con su Hijo y es, por tanto, mediadora de todas las gracias”.

En el mismo Legionário, en un escrito del 30 de julio de 1944 y reproducido en nuestra edición de abril pasado (Tesoros de la Fe, n.º 268), el recordado escritor católico, desarrolló con mayor profundidad el comentario anterior, afirmando que la devoción al Corazón de María lleva a su plenitud el culto al Sagrado Corazón de Jesús.

Fátima y el Sagrado Corazón de Jesús y María

Terminamos las presentes consideraciones sobre estas devociones —esenciales y perfectas, sobre todo para nuestros agitados tiempos de impiedad y de catástrofes morales y materiales, agravadas por las guerras en curso y que podrían extenderse— reproduciendo un fragmento de otro artículo de Plinio Corrêa de Oliveira, publicado el mes de junio de 1953 en la revista Catolicismo:

Imagen de Nuestra Señora de Fátima, José Ferreira Thedim, 1920 – Escultura en madera, Capilla de las apariciones, Santuario de Fátima, Portugal. La imagen, llevada en andas, recorre en procesión la explanada del santuario el 13 de mayo de 1999, en conmemoración de su primera aparición a Lucía, Francisco y Jacinta, los tres pastorcitos.

“En Fátima se inculca igualmente, con expresiva insistencia, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que también ha sido puesta en la penumbra por cierta tendencia de espiritualidad muy en boga en nuestros días.

“El culto al Sagrado Corazón de Jesús fue considerado por todos los teólogos como una de las más preciosas gracias con que la Santa Iglesia ha sido confortada en los últimos siglos. Estaba destinado a reanimar en los hombres el amor de Dios entorpecido por el naturalismo del Renacimiento, por los errores de los protestantes, jansenistas, deístas y racionalistas.

“En el siglo XIX, fue por medio de esta devoción que el Apostolado de la Oración produjo un admirable reflorecimiento de vida religiosa en todo el mundo. Y, como los males de que el Sagrado Corazón de Jesús nos debe preservar crecen día a día, es evidente que día a día se acentúa la actualidad de esta incomparable devoción.

“No obstante, es necesario añadir que, con el agravamiento de los males contemporáneos, la Providencia como que quiso superarse a sí misma, señalando a los hombres como blanco de su piedad al Corazón de María, que de cierto modo perfecciona y lleva a su plenitud el culto al Sagrado Corazón de Jesús.

“Los estudios y la devoción cordimariana no son nuevos. Nos parece, sin embargo, que la simple lectura de los mensajes de Fátima demuestra con cuánta insistencia la Santísima Virgen los quiere para nuestros días. La misión que Ella confió a la hermana Lucía fue especialmente la de quedarse en la tierra para atraer a los hombres hacia el Corazón Inmaculado de María. Varias veces esta devoción es recompensada durante las visiones. Este Corazón Santísimo se presenta inclusive, en la segunda aparición, coronado de espinas por nuestros pecados, pidiendo la oración reparadora de los hombres.

“Nos parece que este punto como que compendia en sí todos los tesoros de los mensajes de Fátima”.6

 

Consagración al
Sagrado Corazón de Jesús

(Compuesta por santa
Margarita María Alacoque)

Yo [diga su nombre], me dedico y consagro al Sagrado Corazón de nuestro Señor Jesucristo, le entrego mi persona y mi vida, mis acciones, penas y sufrimientos, para no querer servirme de ninguna parte de mi ser sino para honrarle, amarle y glorificarle.

Esta es mi voluntad irrevocable: ser toda de Él y hacerlo todo por su amor, renunciando de todo corazón a todo cuanto pueda disgustarle.

Te tomo, pues, Corazón divino, por el único objeto de mi amor, el protector de mi vida, la seguridad de mi salvación, el remedio de mi fragilidad y de mi inconstancia, reparador de todas las faltas de mi vida, y mi asilo en la hora de la muerte.

Sé, por tanto, Corazón bondadoso, mi justificación para con Dios Padre, y aleja de mi los rayos de su justa indignación. Corazón de amor, en ti pongo toda mi confianza, pues aunque todo lo temo de mi debilidad, todo lo espero de tu bondad.

Consume, pues, en mí todo lo que pueda desagradarte o resistirte. Que Tu amor se imprima tan profundamente en mi corazón que no pueda jamás olvidarte, ni verme separada de ti.

Te ruego encarecidamente, por tu bondad, que mi nombre esté escrito en ti, pues yo quiero construir toda mi dicha y mi gloria en vivir y morir como esclava tuya. Amen. 

 

Notas.-

1. P. Jules Chevalier MSC, Le Sacré-Coeur de Jésus, Retaux-Bray, París, 1886, p. 382.
2. Sainte Marguerite Marie, Sa vie écrite par elle-même, Edições Saint Paul, París, 1947, p. 70.
3. Op. cit. p. 71.
4. Pío XII, encíclica Haurietis Aquas, nº 24.
5. Op. cit., nº 36.
6. Cf. Tesoros de la Fe, n.º 67, julio de 2007.

No ejercer autoridad es abandonar a los hijos a la desesperación San Justino, Mártir
San Justino, Mártir
No ejercer autoridad es abandonar a los hijos a la desesperación



Tesoros de la Fe N°270 junio 2024


Sagrado Corazón de JesúsRemedio para un mundo en crisis
Palabras del Director El Decálogo Procesión del Corpus en Sitges Del genocidio vandeano al terrorismo islámico No ejercer autoridad es abandonar a los hijos a la desesperación El adorable Sagrado Corazón de Jesús San Justino, Mártir ¿Qué debe pensar un católico sobre los ovnis… ? “Se hicieron abominables, como aquellas cosas que amaron”



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