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Plinio Corrêa de Oliveira
El cuadro La Trinidad en su Gloria, de Jean Fouquet,* muestra un cielo azul repleto de ángeles dorados. Un cielo tan diferente de los que vemos en algunas ilustraciones, con nubes blandas que parecen hechas de tecnopor, donde las personas se sientan a pasar el tiempo. El cielo imaginado por Fouquet, en cambio, es como si fuera una auténtica catedral. Vemos ángeles y santos sentados en tronos a ambos lados. En el centro hay una especie de platea de los bienaventurados. Todos ellos áureos por la gloria de Dios. En la parte superior, los tres tronos perfectamente iguales para las personas de la Santísima Trinidad —un solo Dios en Tres Personas distintas, que poseen la misma naturaleza divina, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— que reinan en una gloria perfectamente igual, desde siempre y para siempre. A su lado, un trono menor y en otra alineación, aunque tan próximo a pesar de distante. En él vemos sentada una figura nívea, superior a todo el oro y al azul del cielo: la Santísima Virgen. Las tres personas de la Santísima Trinidad se vuelven hacia Ella en señal de alabanza, porque es la obra maestra de toda la creación. La Virgen Madre reza recogida, remitiendo a Dios en forma de adoración el amor que tan generosamente Él le dispensa. Es la imagen del cielo, rebosante de orden, de sublimidad, de jerarquía y de sacralidad. * * * Lo contrario de esta imagen del Cielo es este otro cuadro. Es una imagen de cómo el progresismo concibe las cosas de la religión. Es una pintura moderna que representa la Última Cena de Nuestro Señor Jesucristo con los Apóstoles. Es una caricatura de la religión. ¡Nuestro Señor representado por el arte moderno es del todo blasfemo!
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La estrella de Belén conduce a todos a los pies del niño Jesús |
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Multiplicación de los panes y curaciones Cierto día, entrando Jesús en la ciudad de Naím, encontró una gran multitud que acompañaba a la sepultura a un difunto. Era este un joven, hijo único de madre viuda, la cual seguía al féretro llorando sin consuelo, y le acompañaban otras personas. Jesús se compadeció de ella y le dijo: —“No llores”. Y acercándose al ataúd, detuvo a los que lo llevaban, los cuales se pararon y lo pusieron en el suelo. Entonces el Salvador exclamó en voz alta: —“Te mando, joven, que te levantes”... |
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Valencianos bordan un manto para su patrona Cuando el manto fue presentado para su apreciación pública en el Salón Noble del Ateneo Mercantil, fue recibido con una cerrada ovación... |
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¿Qué es una blasfemia y cómo reaccionar frente a ella? Los diccionarios definen la blasfemia de dos maneras principales: como una palabra ofensiva hacia una divinidad o una religión o bien, en un sentido más amplio, como una palabra o afirmación que insulta u ofende a alguien o algo digno de respeto... |
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¿Ante una blasfemia clamorosa es lícito maldecir? En el mundo de hoy, el católico es testigo (y, a veces, víctima directa) de ofensas a Dios que nos indignan y nos llevan a desear que Dios castigue aún en esta tierra a los responsables por esas infamias (incluso como medio de intentar salvarlos del infierno)... |
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¿Por qué castiga Dios juntamente a los buenos y a los malos? ¿Qué han padecido los cristianos en aquella común calamidad (habla aquí el santo de los males sufridos en el saqueo de Roma), que, considerado con imparcialidad, no les haya valido para mayor aprovechamiento suyo?... |
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