De la vida individual y social hay que ascender hasta Dios, causa primera y fundamento último, como Creador de la primera sociedad conyugal, fuente de la sociedad familiar, de la sociedad de los pueblos y de las naciones. Reflejando, aunque imperfectamente, a su Ejemplar, Dios uno y trino, que con el misterio de la encarnación redimió y ensalzó a la naturaleza humana, la vida social en su ideal y en su fin posee, a la luz de la razón y de la revelación, una autoridad moral y un carácter absoluto, que se hallan por encima del cambiar de los tiempos, y una fuerza de atracción que, lejos de quedar aniquilada o mermada por desilusiones, errores, fracasos, mueve irresistiblemente a los espíritus más nobles y fieles al Señor para comenzar de nuevo, con renovada energía, con nuevos conocimientos, con nuevos estudios, medios y métodos, lo que en vano se había intentado en otros tiempos y en otras circunstancias. Origen y fin esencial de la vida social ha de ser la conservación, el desarrollo y el perfeccionamiento de la persona humana, ayudándola a poner en práctica rectamente las normas y valores de la religión y de la cultura, señaladas por el Creador a cada hombre y a toda la humanidad, ya en su conjunto, ya en sus naturales ramificaciones. Una doctrina o construcción social que niegue esa interna y esencial conexión con Dios de todo cuanto se refiere al hombre, o prescinda de ella, sigue un falso camino, y, mientras construye con una mano, prepara con la otra los medios que tarde o temprano pondrán en peligro y destruirán su obra. Y cuando, desconociendo el respeto debido a la persona y a su propia vida, no le concede puesto alguno en sus ordenamientos, en la actividad legislativa y ejecutiva, en vez de servir a la sociedad, le daña; lejos de promover y fomentar el pensamiento social y de realizar sus ideales y esperanzas, le quita todo valor intrínseco, sirviéndose de él como de una frase utilitaria, que encuentra resuelta y franca oposición en grupos cada vez más numerosos.
S.S. Pío XII, Radiomensaje de Navidad, 24 de diciembre de 1942 in www.vatican.va.
|
La estrella de Belén conduce a todos a los pies del niño Jesús |
|
El Sacramento del Matrimonio - III El amor sobrenatural no pregunta “¿qué recibiré yo de la otra parte?”; sino “¿qué soy yo para la otra parte?”. No busca lo que es suyo. Su objetivo es hacer felices a los demás y no hacerse feliz a expensas de los demás... |
|
Las cruces del buen y del mal ladrón Salomón dice que todo lo que ocurre en este mundo es vanidad y aflicción de espíritu. Nadie puede evitar la cruz y los sufrimientos... |
|
La Basílica de Vézelay La fotografía superior nos muestra la fachada de la Basílica de Santa María Magdalena, en la ciudad de Vézelay (Francia). Se trata de una iglesia monástica, un admirable ejemplo del arte románico del siglo XII... |
|
Verdadera y falsa derecha según el P. Garrigou-Lagrange, O.P. Me preguntan, estimados señores, qué pienso de esta fórmula que a muchos les gusta utilizar hoy: “La Iglesia no está ni a la derecha ni a la izquierda”... |
|
Planes fantasiosos para reformar el matrimonio Todos conocemos la dolorosa crisis que atraviesa actualmente la familia. Todos oímos como crujen y se agrietan los muros de la sociedad, por haberse conmovido los cimientos de la vida social, es decir, la vida familiar... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino