Pinceladas En la playa

Charles Hoffbauer, 1907, 
Museo de Bellas Artes de Roubaix (Francia)

Felipe Barandiarán

El niño del polo rojo y pantalón a rayas está inquieto, mira hacia la orilla en donde ha visto sentados sobre la arena a otros niños y quiere jugar con ellos. Su madre, que le ha protegido del sol con un amplio sombrero de paja, le sujeta firme de la mano, sin prestarle mucha atención, mientras recoge un poco los vuelos del vestido con la otra mano y orienta su mirada hacia nosotros, tal vez en busca de alguien.

El blanco de la tela, con sus clásicos pliegues tan de moda en el ambiente de los balnearios de la Belle ­Époque, trasmite frescura y ligereza, dándole una apariencia etérea y vaporosa. Su corte tiene una línea fluida y suelta, permitiendo libertad de movimiento, ideal para un paseo por la playa. La parte superior del vestido incluye un escote alto con un cuello cerrado con volantes, y mangas recogidas que cubren medio brazo. Acorde con la garbosa estética, luce un sombrero también blanco, con unos graciosos lazos. Todo en ella es extraordinariamente digno.

De espaldas al paseo, disfrutando de la brisa y el rumor de las olas, varias señoras toman el sol cómodamente sentadas en ligeras sillas de tijera. Una de ellas, a la sombra de su sombrilla. Están distendidas, conversan, contemplan el mar, pasan un rato sin preocupación, sin perder nunca la compostura. Llama la atención su porte distinguido y tan natural al mismo tiempo. Se respira el ambiente fino y gentil de un salón, al aire libre. La escena transmite una calma plácida, en parte por la armonía de blancos y grises plateados, realzada hábilmente por el pintor con toques de rojo anaranjado.

Al fondo, unos señores con sombrero pasean pensativos. Cortando la línea del horizonte, sobre las aguas frías de esta playa de Normandía, unas velas ondean intrépidas al viento, dibujando su silueta sobre el plúmbeo cielo azul.

 

Charles Constantin Joesph Hoffbauer (1875-1957) nació en París. Su padre, de origen alsaciano, fue un conocido arqueólogo, arquitecto y artista. Probablemente influyó en el interés de su hijo por la historia, plasmado en muchas de las escenas que pintó, aunque su obra abarca una amplia variedad de temas. Después de recibir una educación primaria y secundaria tradicional en escuelas francesas, Hoffbauer recibió su formación en la Escuela de Bellas Artes durante tres años. Estudió con Fernand Cormon, François Flemeng y el pintor simbolista Gustave Moreau. Tuvo por compañeros de clase a Paul Baignères, Henri Matisse y Georges Rouault entre otros. Al cumplir 21 años, hizo el servicio militar obligatorio en Falaise, Normandía, durante dieciocho meses. En 1906, visitó los Estados Unidos, donde varios clientes le encargaron decoraciones. De regreso a Europa, viajó con frecuencia, encontrando en las imágenes de sus recuerdos y visitas a los museos, los elementos de los grandes decorados que creó, por ejemplo, para la sala de fiestas del Ayuntamiento de Arras (Francia), en 1932. En 1941, judío amenazado, emigró definitivamente a los Estados Unidos donde se retiró a Massachusetts.

Paz de alma en el Tabor “Los guerreros lucharán y Dios les dará la victoria”
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