Lectura Espiritual Del Juicio Particular - II

Luego de analizar en la edición pasada el juicio del alma culpable —siguiendo nuevamente el luminoso texto del libro “Preparación para la muerte”— meditaremos a continuación sobre el juicio del alma del hombre que ha muerto en la gracia de Dios.

San Alfonso María de Ligorio

¡Oh, con cuánto regocijo espera la muerte el que está en gracia de Dios para ver pronto a Jesús y oírle decir: “Muy bien, siervo bueno y leal; porque fuiste fiel en lo poco, te pondré sobre lo mucho” (Mt 25, 21). ¡Ah, cómo apreciarán entonces las penitencias, oraciones, el desprendimiento de los bienes terrenos y todo lo que hicieron por Dios! El que amó a Dios gozará el fruto de sus buenas obras.

Por esto, el padre Hipólito Durazzo, de la Compañía de Jesús, jamás se entristecía, sino que se alegraba cuando moría algún religioso dando señales de salvación. “¿No sería absurdo —dice san Crisóstomo— creer en la gloria eterna y tener lástima del que a ella va?”.

Singular consuelo darán entonces los recuerdos de la devoción a la Madre de Dios, de los rosarios y visitas, de los ayunos en el sábado para honra de la Virgen, de haber pertenecido a las Congregaciones Marianas. Virgo fidelis llamamos a María. Y, en verdad, fidelísima se muestra para consolar a sus devotos en su última hora.

Un moribundo que había sido devotísimo de la Virgen decía al padre Binetti: “No puede imaginarse, padre mío, cuánto consuelo trae en la hora de la muerte el pensamiento de haber sido devoto de la Santísima Virgen. ¡Oh Padre, si supiese qué regocijo siento por haber servido a esta Madre mía! ¡Ni explicarlo sé!”.

¡Qué gozo sentirá quien haya amado y ame a Jesucristo, y a menudo le haya recibido en la Sagrada Comunión, al ver llegar a su Señor en el Santo Viático para acompañarle en el tránsito a la otra vida! Dichoso quien pueda decirle con san Felipe: “¡Aquí está mi amor; he aquí al amor mío; dadme mi amor!”.

Y si alguno dijere: “¿Quién sabe la muerte que me está reservada? ¿Quién sabe si, al fin, tendré muerte infeliz?”, le preguntaré a mi vez: “¿Cuál es la causa de la muerte? Solo el pecado”. A este, pues, debemos solo temer, y no al morir. “Claro está —dice san Ambrosio— que la amargura viene de la culpa, de la muerte”. El temor no ha de ponerse en la muerte, sino en la vida. ¿Queréis, pues, no temer a la muerte? Vivid bien.

El justo, no teme la muerte, porque espera ir al paraíso

El padre La Colombière juzgaba por moralmente imposible que tuviese mala muerte quien hubiere sido fiel a Dios durante la vida. Y antes lo dijo san Agustín: “No puede morir mal quien haya vivido bien”. El que está preparado para morir no teme ningún género de muerte, ni aun la repentina.

Y puesto que no podemos ir a gozar de Dios más que por medio de la muerte, ofrezcámosle lo que por necesidad hemos de devolverle, como nos dice san Juan Crisóstomo, y consideremos que quien ofrece a Dios su vida practica el más perfecto acto de amor que puede ofrecerle, porque abrazando con buena voluntad la muerte que a Dios plazca enviarle, como quiera y cuando quiera, se hace semejante a los santos mártires.

Las exequias de san Francisco de Asís (detalle), Giotto di Bondone, s. XIV, Capilla Bardi, Ig. Santa Cruz, Florencia

‹ 150 años de la Comuna de París San Paulino de York ›
San Paulino de York ›
‹ 150 años de la Comuna de París



Tesoros de la Fe N°238 octubre 2021


150 años de la Comuna de París Implacable persecución de la Iglesia
Un Calvario en Normandía Octubre de 2021 – Año XX Los postulados revolucionarios de 1789 y los falsos profetas Calendario del Bicentenario Octubre 2021 150 años de la Comuna de París Del Juicio Particular - II San Paulino de York ¿Cuál es el día más importante del año en el calendario litúrgico? El Pont Neuf de París



 Artículos relacionados
Nuestra Señora de Montserrat Montserrat es un macizo rocoso que se yergue espléndido hasta alcanzar los 1.236 metros de altura, ubicado a 60 km al noroeste de la ciudad de Barcelona. Su nombre proviene del catalán y significa “montaña serrada” o “monte aserrado”...

Leer artículo

La cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos Es de advertir que en este orden de cosas que pertenecen a la fe cristiana hay deberes cuya exacta y fiel observancia, si siempre fue necesaria para la salvación, lo es incomparablemente más en estos tiempos...

Leer artículo

Malas palabras: vulgaridad y pecado En la cultura popular, hoy en día, decir malas palabras o utilizar un lenguaje soez es algo extremadamente común, pues la vulgaridad se ha convertido en algo habitual...

Leer artículo

¿Se puede dar la comunión fuera de la misa? Antes del Concilio Vaticano II y de la reforma litúrgica, era costumbre en las iglesias más céntricas de las grandes ciudades dar la comunión antes e inmediatamente después de la misa a quienes, por motivos de trabajo, no podían comulgar durante la misa...

Leer artículo

¿La pobreza es el centro del Evangelio? Corruptio optimi pessima (la corrupción de lo mejor es lo peor). De modo un poco diferente, los antiguos decían: cuando el bueno se pervierte, se vuelve pésimo. Nada más noble y elevado que el ideal de la pobreza evangélica, pero nada más execrable que su deturpación...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino