Lectura Espiritual ¿Por qué estudiar la Religión? (V)

 

En la edición anterior, el autor* trató de la creación del hombre; en la presente aborda la inmortalidad del Cielo y del Infierno, y su nexo lógico con la inmortalidad del alma, el premio eterno que merece el justo, o el castigo eterno que cabe al pecador.

 

Las mismas razones que prueban que el alma es inmortal, prueban también que ella será, o eternamente feliz en el Cielo, o eternamente desgraciada en el infierno. La vida presente, en efecto, es el tiempo de la prueba; y la vida futura es la meta, el término adonde debe llegar el hombre inteligente y libre.

Después de la muerte ya no habrá tiempo ni para el mérito ni para el demérito, ni habrá lugar para el arrepentimiento

 

Después de la muerte ya no habrá tiempo ni para el mérito ni para el demérito, ni habrá lugar para el arrepentimiento. Por consiguiente, los buenos quedarán siempre buenos, y los malos siempre malos. Es justo, pues, que así la recompensa de los primeros, como el castigo de los segundos, sean eternos.

Dios ama necesariamente al justo, y es amado por él. ¿Por qué, pues, se ha de matar este amor, puesto que el justo permanecerá siempre justo? Por otra parte, la felicidad de la vida futura debe ser perfecta, y no sería perfecta una felicidad que no fuera eterna. Luego el premio del justo debe ser eterno.

Análogas consideraciones prueban que el castigo del culpable debe ser eterno. El alma penetra en la vida futura en el estado y con los afectos que tenía en el momento de la muerte; y este estado y afectos son irrevocables, porque los cambios no pueden pertenecer sino a la vida presente, que es vida de prueba, pasada la cual todo ser queda fijado para siempre. El culpable persevera, pues, en el mal: permanece eternamente culpable, y no cesa, por consiguiente, de merecer el castigo. “El árbol queda donde ha caído: a la derecha, si ha caído a la derecha, a la izquierda si a la izquierda”.     

 

 


* Extractos del libro La Religión Demostrada, del padre P. A. Hillaire (Editorial Difusión, Buenos Aires, 3ª edición, 1945, pp. 56-57).

La Virgen de la Nieves San Pío X
San Pío X
La Virgen de la Nieves



Tesoros de la Fe N°92 agosto 2009


San Pío X, el Papa que fulminó la herejía
La muerte de un símbolo La Virgen de la Nieves ¿Por qué estudiar la Religión? (V) San Pío X ¿Qué hace la Iglesia Católica para contener el Sida? Pintando el alma humana



 Artículos relacionados
Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre La religión cristiana es la religión fundada por Jesucristo. Los cristianos reconocen a Jesús de Nazaret, hijo de la Virgen María, como al Mesías esperado por todos los pueblos, y le adoran como a Hijo de Dios hecho hombre...

Leer artículo

No hay más que una sola religión verdadera No puede existir más que una sola religión verdadera, pues la religión es el conjunto de nuestros deberes para con Dios, y estos deberes son los mismos para todos los hombres...

Leer artículo

Al vencer la pruebas se adquiere la paz Transcribimos en la edición de enero pasado algunas consideraciones de San Francisco de Sales para conservar la paz en medio de las dificultades. En esta edición presentamos algunos trechos de lo que este insigne santo aconseja meditar, en las horas en que seamos acometidos por pruebas y...

Leer artículo

¿Por qué estudiar la Religión? (III) La casualidad es una palabra que el hombre ha inventado para ocultar su ignorancia y para explicar los hechos cuyas causas desconoce. No se da efecto sin causa, ni orden sin una inteligencia ordenadora...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino