Ambientes Costumbres Civilizaciones Pintando el alma humana

Plinio Corrêa de Oliveira


Nuestra imagen actual, David Alfaro Siqueiros, 1947


Una tendencia muy frecuente en los artistas cuya producción puede ser reputada como típicamente del “siglo XX” consiste en la deformación del hombre. Huyendo de copiar la realidad con las formas en que las ve habitualmente el ojo humano, la representan con alteraciones destinadas, según afirman, a manifestarles el aspecto más profundo.

Tomado en tesis, este proceso nada tiene de malo. Sin embargo, llama la atención que, cuando alteran los aspectos corrientes de la realidad, muchos artistas, de los más típicamente modernos, de hecho deforman la realidad casi hasta lo horrendo. Así, en los cuadros modernos, no es difícil encontrar figuras humanas perfectamente cónicas: cabeza minúscula, hombros poco más anchos que la cabeza, cintura mucho más ancha que los hombros, piernas que parecen ir ensanchándose hasta el tobillo en el cual se entroncan pies literalmente inmensos. En ciertas esculturas, los cuellos no son sólo gruesísimos, sino deformados, presentando en uno u otro punto bocios alarmantes. En suma, si algún mago apareciera a cualquier hombre normalmente cuerdo, y le ofreciera un líquido para transformar su fisonomía y su cuerpo en el de una figura-tipo del arte moderno, tal ofrecimiento sería seguido de un inmediato y enérgico rechazo...

Esta obsesión por lo deforme, por lo feo, incluso por lo horrendo, llegó en ciertas producciones artísticas a los límites de lo inconcebible. Véase por ejemplo el cuadro titulado Nuestra imagen actual, que aquí publicamos. Es la figura moral del género humano, como la quiso presentar un artista típicamente ultramoderno.

Que haya en el universo deformidades físicas y morales terribles, y que sea lícito al artista representarlas, siempre que de allí no resulte una ofensa a las buenas costumbres, nadie lo niega. Sin embargo, pintar sólo el horror, no pintar ni esculpir sino para deformar, como si el universo no fuera sino un receptáculo de ignominias, he ahí lo que revela un mal estado de espíritu, y una concepción indiscutiblemente falsa y peligrosa, tanto de los hombres, como del mundo.

Armand Jean du Plessis Cardenal-Duque de Richelieu, Philippe de Champaigne, 1637


Esta tendencia para lo horrendo tiene en su raíz una visión desesperada y blasfema de la creación, que es obra de Dios. Las pinturas o esculturas hechas bajo la influencia de esta visión deforman el alma; y los ambientes impregnados de este estado de espíritu sólo pueden degradar al hombre, extinguiendo en él todos los brotes de inteligencia y de voluntad para un ideal verdaderamente noble, puro y elevado.

A título de contraste, presentamos aquí, tomado al azar de la inmensa producción artística de los siglos pasados, un cuadro que representa a un hombre en su madurez.

Y mucho más que el físico de este hombre, retrata su estado de espíritu, su perfil moral. Es Richelieu, pintado por Philippe de Champaigne en tres actitudes diferentes. Todas las cualidades —y también todos los defectos— del gran estadista se reflejan en este admirable estudio, en que el alma humana es retratada en lo que tiene de más íntimo, vivo y sutil, sin que el artista haya necesitado recurrir, para esto, a deformaciones que degradan la propia naturaleza humana.     



¿Qué hace la Iglesia Católica para contener el Sida? La muerte de un símbolo
La muerte de un símbolo
¿Qué hace la Iglesia Católica para contener el Sida?



Tesoros de la Fe N°92 agosto 2009


San Pío X, el Papa que fulminó la herejía
La muerte de un símbolo La Virgen de la Nieves ¿Por qué estudiar la Religión? (V) San Pío X ¿Qué hace la Iglesia Católica para contener el Sida? Pintando el alma humana



 Artículos relacionados
La tradición cristiana y la fermentación revolucionaria en la expresión fisonómica No se puede considerar la figura de nuestro primer cuadro sin sentir un profundo respeto. Se trata de una madre de familia, con todo el aspecto de quien transcurre su existencia en el ambiente digno y santo del hogar. La dedicación a los suyos, la templanza, un frescor...

Leer artículo

Tranquilidad del orden, excitación en el desorden Unas a otras se suceden armoniosamente las colinas,hasta el fondo lejano en que se pierde el horizonte. Una atmósfera llena de frescura y de claridad matinal inunda el cuadro y produce la impresión de que las laderas de los montes, la delicada hierba, el tenue follaje de los arbustos, destilan suavidad...

Leer artículo

Tensión y distensión en el semblante de un santo En los jardines del Vaticano el Papa San Pío X acoge a distinguidos visitantes, que le presentan sus homenajes. El cuerpo del Papa, erguido y vigoroso a pesar de los años, da una impresión de ascesis y firmeza, pero algo en su persona, y sobre todo en su plácida fisonomía, expresa reposo y distensión...

Leer artículo

¿Cómo atraer multitudes como ésta? Qué bueno sería si igual cantidad de personas se reuniera a propósito de la Religión, para un acto público de culto, un gran sermón. Y de ahí fluye naturalmente la gran cuestión: ¿qué medio moderno encontrar, qué técnica nueva usar, para atraer tan enormes conglomerados humanos? ¿Cómo atraer a una manifestación católica el mar de gente que figura en la fotografía de esta página?...

Leer artículo

La Catedral de Aix-la-Chapelle “Nuestra conversación está en el cielo”. ¿Qué decir de esta catedral? El mejor comentario es: ¡Oh! ¿Qué significa este oh? Significa: ¡Oh, preciosidad! ¡Oh, tesoro! ¡Oh, símbolo de algo que eleva mi alma hasta las más altas cumbres!...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino