Plinio Corrêa de Oliveira
La Organización de las Naciones Unidas es la piedra angular del mundo contemporáneo; los edificios que sirven para sus instalaciones deberían, pues, expresar por la majestad de sus líneas y proporciones la alta función a que se destinan. Nuestra fotografía reproduce el edificio de su Secretaria General. A despecho de sus enormes dimensiones dudamos de llamarlo palacio: ciertamente es inmenso, carísimo, aplastante, pero sus líneas son vulgares como las de una caja de fósforos, monótonas, uniformes y duras como las de una penitenciaría, y su aspecto, sombrío como el de una Gestapo o de una KGB. En este inmenso enrejado de concreto, hierro y vidrio, todo parece calculado para hacer sentir al hombre que no pasa de una hormiga, un grano de arena, un átomo. * * *
Middelburg es una pequeña ciudad holandesa que en el siglo XV construyó la sede de su municipalidad. Como dimensión, ¿qué es este edificio comparado con el de la ONU? Sin embargo, no dudamos de llamarlo palacio: porque la nobleza de sus líneas ni siquiera permitiría que se le diera otra designación. ¿Mera diferencia de estilos arquitectónicos? “El estilo es el hombre”, se dice en literatura. El estilo es la época, se podría decir en arquitectura. Cada estilo resulta de un conjunto de tendencias, ideas, aspiraciones y actitudes mentales. Más chocante que el contraste entre los dos estilos es, en este caso, el de dos mentalidades, dos épocas, dos culturas: una, cristiana y la otra, neopagana.
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