Ambientes Costumbres Civilizaciones Las parábolas de los Evangelios

Jesús transforma cosas banales
en rayos de sol


Plinio Corrêa de Oliveira





Por momentos, hay en el espíritu humano cierta atracción por cosas banales. Esto debido a que la realidad creada por Dios es tan excelente, que nuestros ojos no se interesarían por ciertas cosas comunes si no fuera por ese atractivo.

En los Evangelios, las parábolas de Nuestro Señor Jesucristo —cada una más magnífica que la otra, a tal punto que cualquier forma de comparación en literatura no es sino polvo y ceniza— son presentadas con base en pequeños casos de la vida cotidiana.

Un ejemplo. Sobre los lirios del campo, narra el Evangelio estas palabras de Nuestro Señor: “Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en toda su gloria, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?” (Mt 6, 28-29).

En la Palestina de aquellos tiempos no habían fábricas textiles. Todos se vestían con tejidos que las mujeres hilaban. En esta parábola, Nuestro Señor compara los lirios del campo con el esplendor de Salomón, rey famoso por su sabiduría, conocido en el mundo entero. Sin embargo, ni Salomón en toda su gloria se vistió con tanta belleza como los lirios.

El lirio del campo ostenta su modesta belleza. La gloria de Salomón alcanzó su celebridad. Nuestro Señor aproxima estos dos elementos, pero al aproximarlos Él los transforma en rayos de sol.

Podríamos analizar los pormenores de las numerosas parábolas de los Evangelios. ¿Qué es lo que se nota? Están cubiertas por el polvo de la banalidad. Sin embargo, Nuestro Señor extrae maravillas de la banalidad. ¡Él pone su dedo en ese polvo, lo mueve y sale polvillo de oro! Evidentemente, eso se debe al dedo divino, que tocó una cosa común y la transformó en oro.



Con esto, la sabiduría divina nos da una lección: si comenzáramos a prestar atención en la realidad creada, llegaremos a consideraciones en que nuestro espíritu se elevará a un punto tal que no encontrará palabras para expresarlas adecuadamente.

Esto me sugiere una palabra muy bonita, muy poco utilizada hoy en día: INEFABLE. Es una linda palabra, de naturaleza tal que corresponde a una idea, a una verdad que el espíritu humano conoce, pero que no encuentra palabras suficientes para expresar. Es indecible.

Es bello que el espíritu humano conciba algo y encuentre una palabra apropiada para expresarlo. Sin embargo, es también bello que conciba algo y no encuentre palabras adecuadas para significarlo.

¡Son éstos lindos principios, que nos sugieren las parábolas de nuestro Divino Salvador! 

¿Cómo descendió Jesús al limbo de los justos? Palabras del director Nº 134 - Febrero 2013 - Año XII
Palabras del director Nº 134 - Febrero 2013 - Año XII
¿Cómo descendió Jesús al limbo de los justos?



Tesoros de la Fe N°134 febrero 2013


Amanecer de la FeConmovedora historia del Púlpito de San Blas
Nº 134 - Febrero 2013 - Año XII Ventajas de la indisolubilidad ¡Satanismo para la juventud! Marihuana: quemando el propio IQ María del Buen Suceso y el Púlpito de San Blas Teología de la Liberación, lucha de clases y conflicto social San Blas ¿Cómo descendió Jesús al limbo de los justos? Las parábolas de los Evangelios



 Artículos relacionados
La Catedral de Reims LA CATEDRAL DE REIMS está tan cargada de historia que es difícil tejer sobre ella apenas un comentario...

Leer artículo

El tulipán El Tulipán es tan bonito que me pregunto si hay una flor más bella. Florece de varios colores; existe inclusive el tulipán negro...

Leer artículo

La Catedral de San Marcos “¡Esto es Iglesia Católica! ¡Oh Iglesia Católica!” Es de noche en Venecia. En la Plaza de San Marcos la ola de turistas está ausente, las palomas están durmiendo, la catedral se presenta en su majestuosa soledad, espléndidamente iluminada, dejando percibir el blanco reluciente del mármol,...

Leer artículo

«Dios no se encuentra en la agitación» Para los que saben cuál es el placer del recogimiento, está establecido un presupuesto precioso para la santificación. San Bernardo decía: “¡Oh beata soledad, oh sola beatitud!”. Pero para los que viven en el bullicio perpetuo, los que no saben ni quieren vivir fuera de él, cuántos ruidos sofocan la voz de la gracia…...

Leer artículo

Sed perfectos como vuestro Padre celestial LA LUMINOSIDAD DIÁFANA confiere a la naturaleza colores matizados y sombras discretas. Algo de la atmósfera primaveral sopla en el aire. ...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino