De las desigualdades que vemos en este mundo entre pobres y ricos, forman los enemigos de la piedad un argumento especioso en contra de la divina Providencia. Pero si hicieran el debido uso de su razón, advertirían que esa decantada desigualdad es como la base y el vínculo de la sociedad humana: Ella es quien liga los hombres unos con otros, haciendo que se presten mutuos servicios; ella es la madre del trabajo y de la industria; [es] ella quien a los hijos de los pobres destina desde la infancia a aprender un oficio; ella quien levanta las casas y las ciudades con la mano de las clases menesterosas pagadas por los ricos; ella quien desafía las tempestades en las atrevidas personas de los marineros, y rompiendo las olas con la frágil quilla, lleva los alimentos y las mercancías a las naciones más distantes, poniéndolas en estrecha comunicación unas con otras, y haciendo cosmopolitas los frutos de la tierra. ¿Qué sería de la sociedad si todos los hombres fueran igualmente ricos? No habría quien trabajase, no habría quien se dedicase a ocupaciones mecánicas y laboriosas; los campos estarían sin cultivo, y reinando la ociosidad en las ciudades, el comercio, la industria y todas las artes perecerían. ¿Y aun se acusa a la divina Providencia de no haber enriquecido a todos por igual? Nada prueba tanto su sabiduría y la eficacia de los resortes que emplea en el gobierno y conservación de la sociedad humana, como esa recíproca dependencia, que ha establecido entre los hijos de Adán por medio de las desigualdades de fortuna. El rico para comer, para el laboreo de sus haciendas, para vestirse, para viajar, y en una palabra, para todo necesita del concurso, de la industria y de los buenos oficios de los pobres, y así no vive, ni goza si no los mantiene. ¿Y quién sino la Providencia estrecha ese lazo firmísimo e indisoluble, por medio del cual el pobre vive a expensas del rico y el rico con el sudor del pobre? Motivo era éste para alabarla y engrandecerla y admirarla. Callen, pues, y escondan su audaz frente en el polvo sus necios detractores. SAN JUAN CRISÓSTOMO, Pensamientos acerca de la Providencia, Ángel Masía, Madrid, 1862, p. 187-191.
|
La Cuaresma |
|
Los objetos preciosos y la doctrina católica No sería justo juzgar la profesión de orfebre en sí misma inútil o nociva, y ver en ella una injuria a la pobreza, casi un desafío lanzado a los que no pueden tener parte en ello. Sin duda, en este campo más que en otros, es fácil el abuso... |
|
Una multitud de almas que caen en el infierno Igualmente me obliga a predicar sin parar el ver la multitud de almas que caen en los infiernos, pues es de fe que todos los que mueren en pecado mortal se condenan…... |
|
Nuestra Señora de la Cabeza Inclinada “Unsere Liebe Frau mit dem Geneigten Haupt!” (Nuestra Señora de la Cabeza Inclinada). Así es conocida en toda Austria la milagrosa imagen encontrada en Roma (1610)... |
|
¿Sabe Ud. a qué juegan sus hijos? A tal propósito concurren hoy lecturas malsanas como las de Harry Potter, entretenimientos frenéticos y adictivos como los videojuegos, la violencia e inmoralidad torrencial que irradia la televisión, y el descuido de los padres de familia y educadores. No es raro que en los días actuales un niño conozca formas de mal que antiguamente hasta para un adulto estaban vedadas... |
|
San Roque de Montpellier: Modelo de caridad y confianza A fines del siglo XIII y comienzos del XIV la ciudad de Montpellier, hoy francesa, pertenecía al reino de Mallorca, de la casa real de Aragón. El gobernador de la ciudad, Juan, cuya esposa Liberia era también de ilustre familia, gozaba de todo el prestigio del cargo y de buena fortuna. Pero no tenían hijos. Con mucha fe, importunaron al cielo para obtenerlos y fueron oídos... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino