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Gran orador sagrado del siglo XVII Plinio Corrêa de Oliveira
Este cuadro representa a Jacques-Bénigne Bossuet (1627-1704), el famoso obispo de Meaux (a 40 km al nordeste de París), gran orador sagrado con un dominio perfecto de su palabra sonora e impecable. En él se nota el ascendiente sobre toda la atmósfera imponderable a su alrededor, en la cual numerosas personas lo oían y aplaudían. Son hombres de corte, príncipes, duques, prelados, mariscales. Se nota también la estabilidad y la fuerza que su personalidad refleja. ¿Existe la posibilidad de que él, de repente, diga una tontería? — No. ¿Existe la posibilidad de que apostate de la fe? — Tampoco. ¿Es un hombre al cual se le puede hacer una broma impertinente? — Todo en él esta protegido por un nimbo, que hace que eso sea imposible. Esa fuerza, gravedad y estabilidad eran características de los viejos tiempos. Llama la atención el hecho de que Bossuet esté tan adornado. Era la costumbre de la época. Muchos otros, de poca personalidad, solían exagerar, usando demasiados adornos —lazos vistosos, pelucas, etc.— justamente para esconder la falta de presencia.
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El mensaje de Fátima ¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará! |
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El amor a los hijos Hay que amar mucho a los hijos: para consentir en tenerlos, para no molestarse con sus exigencias y, para llegar en ese cariño a lo sobrenatural... |
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Nuestra Señora de la Merced El día 24 de setiembre se conmemora la fiesta de la Santísima Virgen de la Merced. Originalmente, esta festividad era exclusiva de la Celestial, Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced... |
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Importancia de la Familia No hay tema más candente y actual, pero al mismo tiempo más delicado y difícil, que el del matrimonio y la familia, porque de este depende en gran parte la felicidad del hombre... |
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El perfil de la beata Jacinta Marto, descrito por la hermana Lucía Jacinta tenía un porte siempre serio, modesto y amable que parecía traducir la presencia de Dios en todos los actos, propios de personas avanzadas en edad y de gran virtud... |
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“Dios está contento con vuestros sacrificios” Los tres niños se encontraban en la estrecha calle de Aljustrel comentando sus aventuras, cuando Lucía se fijó que casi bajo sus pies desnudos había un rollo grande de soga. Lo cogió descuidadamente, pero su aspereza le arañó en el brazo. Esto le sugirió una idea: —¡Mirad! ¡Esto hace daño! Podemos hacer un cinturón con la soga y ofrecer este sacrificio a Dios... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino