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Plinio Corrêa de Oliveira
Estas ilustraciones nos muestran viviendas populares. Es gente del pueblo la que habita en tales casas. Las construcciones transmiten la sensación de solidez, dando la impresión de que protegen contra la intemperie. Dentro de ellas el hombre se siente en la intimidad, a leguas de distancia de la calle, alejado de los demás, con la posibilidad de estar solo y ser él mismo, un poco más plenamente él mismo, en el calor de la familia o en completa soledad a los ojos de Dios.
Qué agradable sensación experimenta el hombre, a la manera europea, cuando llega el verano: jarrones con geranios rojos, cortinas pequeñas y, en su interior, una persona tranquila leyendo un libro, una señora tejiendo a crochet o tricot y conversando con su nietecito sentado en el suelo. Es la vida tranquila de antaño, llena de paz. Sin embargo, es más funcional que la de las multitudes que se apiñan en los ómnibus. Ciudades pequeñas, donde todos andan a pie a cualquier lugar, donde nadie tiene prisa o corre; donde todos viven y respiran tranquilamente. Fue en ciudades de este tipo que se formaron los pueblos europeos sanos, que engendraron la mayor civilización de todos los tiempos. * * * En otra ilustración, en una pequeña ciudad burguesa medieval, vemos una casa sumamente acogedora.
Qué agradable, por ejemplo, en un atardecer de un día fresco, quedarse en esta pequeña terraza rodeada de flores y rezar, leer o hacer algo grande, que es contemplar. Cuando el alma está llena de grandes pensamientos y de fe verdadera, no hacer nada no es divagar; no es vegetar como un tonto, sino dejar que la memoria hable, hacer desfilar los recuerdos, ir pensando al sabor del tiempo y de las asociaciones de imágenes. Es ir contemplando. Fue junto a la ventana de una posada en Ostia, Italia, en que san Agustín y santa Mónica, conversando agradablemente, tuvieron un éxtasis: el famoso éxtasis descrito en las Confesiones del gran Doctor de la Iglesia. ¿Quién podría tener un éxtasis en un rascacielos contemporáneo? Dios todo lo puede, incluso lograr que alguien en un edificio así entre en un estado místico. Pero hay que reconocer que el rascacielos no ayuda para nada a que alguien entre en éxtasis.
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Stille Nacht (Noche de Paz) La canción de Navidad por excelencia |
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El hábito y el monje Se diría que la afirmación de que el hábito no hace al monje, o que el uniforme no hace al héroe, es al mismo tiempo verdadera y falsa. En efecto, el hombre no se hace monje o militar auténtico tan solo por adoptar la vestimenta propia de ese estado... |
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San Gregorio el Iluminador Al contrario de lo que se piensa, san Gregorio no fue el primero en introducir el cristianismo en Armenia. Según una antigua tradición local, varios apóstoles predicaron allí, y algunos de ellos —como san Bartolomé y san Judas Tadeo— encontraron la muerte en aquella tierra. El primero habría sido martirizado en Albanópolis, siendo, según unos, decapitado, y según otros, desollado vivo y crucificado cabeza abajo, por orden de Astiages, por haber convertido a su hermano Polimio, rey de Armenia. A san Judas se le atribuye la evangelización de aquella región... |
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San Benito José Labre Benito José nació el 26 de marzo de 1748 en Amettes, en la diócesis de Boulogne, al norte de Francia. Era el mayor de los 15 hijos de Juan Bautista Labre y Ana Bárbara, miembros de la clase media local, que dieron a su numerosa prole una profunda educación religiosa, de manera que varios de ellos siguieron la vocación sacerdotal... |
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Reminiscencias a la espera de un resurgimiento El castillo de Montemor-o-Velho —con sus murallas coronando la montaña, teniendo a sus pies a la villa, próxima al río Mondego, en la planicie final que conduce al mar— constituye un ejemplo entre tantos de la vocación guerrera que marcó a Portugal desde el comienzo de su existencia como nación cristiana... |
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Paz de alma en el Calvario No existe sin embargo solo la paz del Tabor (ver número anterior). Está también la paz del Calvario... |
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