Verdades Olvidadas “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5, 20)

¿NO SE DIRÍA QUE el enemigo está más fuerte que nunca, y que nos aproximamos de aquella era, soñada por los iluministas hace tantos siglos, de naturalismo científico crudo e integral, dominado por la técnica materialista; de la república universal ferozmente igualitaria, de inspiración más o menos filantrópica y humanitaria, y de cuyo ambiente sean barridos todos los resquicios de una religión sobrenatural?

Sí. Y la proximidad de ese peligro es hasta mayor de lo que generalmente se piensa. Pero nadie presta atención a un hecho de importancia primordial. Es que mientras el mundo va siendo modelado para la realización de ese siniestro designio, un profundo, un inmenso, un indescriptible malestar se va apoderando de él. Es un malestar muchas veces inconsciente, que se presenta vago e indefinido incluso cuando es consciente, pero que nadie osaría contestar.

Se diría que la humanidad entera sufre violencia, que está siendo puesta en una horma que no conviene a su naturaleza, y que todas sus fibras sanas se contuercen y resisten. Hay una aspiración inmensa por otra cosa, que aún no se sabe qué es. Pero, en fin —hecho tal vez nuevo desde que comenzó, en el siglo XV, la declinación de la civilización cristiana—, el mundo entero gime en las tinieblas y en el dolor, precisamente como el hijo pródigo cuando llegó a lo último de la vergüenza y de la miseria, lejos del hogar paterno. En el mismo momento en que la iniquidad parece triunfar, hay algo de frustrado en su aparente victoria.

La experiencia nos muestra que de descontentos así nacen las grandes sorpresas de la historia. En la medida en que la contorsión se acentúe, se acentuará también el malestar. ¿Quién podrá decir qué magníficos sobresaltos de ahí pueden provenir?

En el extremo del pecado y del dolor, está muchas veces para el pecador, la hora de la misericordia divina…

 

Plinio Corrêa de Oliveira in Fátima: ¿Mensaje de tragedia o de esperanza?, El Perú necesita de Fátima, Lima, 2017, p. 149-150.

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Tesoros de la Fe N°200 agosto 2018


Los rostros de la Virgen en el Perú Nuestra Señora del Santísimo Rosario
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