Tommaso Lorenzone, 1865 Felipe Barandiarán La gran basílica salesiana de María Auxiliadora, en Turín, se remonta a finales de la década de 1860, deseada por don Juan Bosco para disponer de un templo más amplio que diera cabida a la multitud de jóvenes que llegaban a su oratorio, fundado en 1846. El altar mayor de la basílica lo preside el enorme y famoso cuadro de María Auxiliadora, que exhiben tantos calendarios en bares y puestos de nuestros mercados. Don Bosco encargó el proyecto al pintor piamontés Tommaso Lorenzone, describiéndole la escena como un espectáculo que ya había visto: “En lo alto, María Santísima entre los coros angélicos; en torno a Ella y más cerca los apóstoles, después los mártires, los profetas, las vírgenes y los confesores. En tierra, los emblemas de las grandes victorias de María y los pueblos de las distintas partes del mundo con las manos levantadas pidiendo auxilio”. Lorenzone quedó pasmado, imaginando el tamaño que tendría que tener el lienzo para que se vieran todas las figuras indicadas por el santo, y le hizo ver que no era viable desde el punto de vista artístico.
2. San Marcos, evangelista 3. San Juan, apóstol y evangelista 4. San Bartolomé apóstol 5. Santo Tomás, apóstol 6. San Simón, apóstol 7. San Matías, apóstol 8. San Judas Tadeo, apóstol y pariente de Jesús 9. Santiago el Menor, apóstol y pariente de Jesús 10. San Andrés apóstol, hermano de san Pedro 11. San Felipe, apóstol 12. Santiago el Mayor, apóstol y hermano de san Juan 13. San Mateo, apóstol y evangelista 14. San Pablo, apóstol 15. San Lucas, evangelista X. Basílica de Turín Aunque un poco contrariado, don Bosco no tuvo más remedio que reconocer que el pintor llevaba razón. Se alquiló un amplísimo salón del palacio Madama y el pintor empezó inmediatamente su trabajo; este le ocuparía casi tres años. “Cierto día —cuenta un sacerdote del Oratorio— entré en el estudio del pintor para ver el cuadro. Era la primera vez que yo me tropezaba con Lorenzone. Estaba él sobre una escalerilla dando los últimos toques al rostro de la imagen de la Virgen. No se volvió al ruido de mi entrada, continuó su trabajo. “Después de un rato, descendió y se puso a contemplar el efecto que daban los últimos retoques. De pronto se percató de mi presencia: me agarró de un brazo y me llevó a un punto desde donde pudiera apreciar mejor el cuadro y, una vez allí, me dijo: “—¡Mire qué hermosa es! No es obra mía; no soy yo quien pinta, hay otra mano que guía la mía. Y esta, a mi parecer, pertenece al Oratorio. Diga, pues, a don Bosco que el cuadro saldrá como él lo quiere. “Estaba locamente entusiasmado. Después se puso de nuevo a su trabajo” (Juan Bautista Lemoyne, Memorias biográficas de san Juan Bosco, Central Catequística Salesiana, Madrid, 1984, t. VIII, p. 17-18). * * * En la parte inferior del cuadro se encuentra la ciudad de Turín, con el santuario de Valdocco en primer plano y la iglesia de Superga al fondo. Según la descripción de don Bosco, el cuadro es una representación eficaz del título “María, Madre de la Iglesia”.
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¡Ave Maria, gratia plena! |
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