Siempre que oigo hablar de la Virgen del Rosario de las Lajas, me embarga el recuerdo de los momentos de fe vividos a los pies de esa extraordinaria imagen, impresa sobre la fría laja en la agreste quebrada del río Guáitara, en el extremo sur de Colombia, como un milagro continuo del poder y la magnificencia de Dios. El primero en plasmar por escrito sus impresiones de tan sugestivo lugar, fue el franciscano Fray Juan de Santa Gertrudis, quien en su obra “Maravillas de la naturaleza” nos relata su viaje por el sur del flamante Virreinato de Nueva Granada, entre 1756 y 1762. Atraído por la fama de la Virgen, él cuenta con numerosos pormenores las peripecias de su recorrido entre Pasto y Las Lajas. Así relata que al bajar por un estrecho caminito llegó a “un derrumbadero de lajas grandes que… forma a modo de una cueva de cien varas de boca en alto, y en unas treinta de ancho… sólo con la Divina Providencia pudo ponerse la laja en que está la Virgen en medio de todas, formando un cuadro, llana y lisa, que parece formada al propósito de un perito maestro… La perla más bien pulida / que en fina concha se cuaja / es la Virgen de las Lajas / en la laja aparecida”. Hoy se levanta en el lugar una monumental iglesia de estilo neogótico, que tiene como altar mayor la sobria roca con la milagrosa imagen de Nuestra Señora de las Lajas. Quiera la Reina del Cielo que la lectura de su admirable historia, que presentamos en las páginas centrales, sea motivo para aumentar nuestra devoción a Ella, y para animar quizás a muchos a visitar algún día su santuario. En Jesús y María, El Director
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La maravillosa historia de Nuestra Señora de las Lajas |
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