Ambientes Costumbres Civilizaciones Europeización

Un estado de espíritu elevado, opuesto al prosaísmo de las cosas

Los tres pastorcitos

Plinio Corrêa de Oliveira

Denomino “europeización” a la comprensión de lo que Europa tiene de bonito y la adopción del estado de espíritu del europeo. No sería una mera valorización de lo que hay en Europa, sino la adquisición de un modo de ser inspirado en lo europeo.

Los europeos buscan organizar la vida de modo bello, con valores positivos. En sus casas, por ejemplo: si hay una ventana disponible, ellos colocan un jarrón con geranios; si hay un jardincito, plantan flores con diseños hermosos; teniendo un hermoso panorama, aparecen artistas para verlo, pintarlo, fotografiarlo; comentan el panorama y se extasían con él; se exponen cuadros con las pinturas. Todo aquello está impregnado en la cultura del pueblo.

Los latinoamericanos, sin embargo, al contrario de esa impostación de alma, generalmente no toman las cosas con ese estado de espíritu del europeo, incluso teniendo panoramas realmente bellos. Si adquiriesen ese estado de espíritu, quedarían con apetencia de ese tipo de placer intelectual. Muy distinto de la apetencia por la politiquería, por la sensualidad, por la hinchada desenfrenada en el deporte... Son defectos contra los cuales se deben luchar.

¿Hay en ello un sentido religioso? Lo hay, evidentemente, pues las cosas magníficas de la naturaleza nos han sido dadas por la Providencia para elevarnos a Dios. Son imágenes de la sublimidad de Él. Es evidente que la posición de cierre, de no tener el alma abierta en relación a lo sublime, lleva a las personas hacia lo que es prosaico. Por lo tanto, representa un ceguera voluntaria ante la imagen de Dios puesta por Él en su creación. Tal cerrazón a los aspectos sublimes de las cosas representa, sustancialmente, algo antirreligioso. 

La Santa Misa Palabras del Director Nº 210 – Junio de 2019 – Año XVIII
Palabras del Director Nº 210 – Junio de 2019 – Año XVIII
La Santa Misa



Tesoros de la Fe N°210 junio 2019


Notre Dame de París ¡Restauren la catedral tal como era!
Junio de 2019 – Año XVIII El demonio: el gran mentiroso FRANCIA: Hija primogénita de la Iglesia Notre Dame de París, la luz y las llamas “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” – I La Santa Misa: ¿actualización de la Última Cena o renovación incruenta del Santo Sacrificio del Calvario? Europeización



 Artículos relacionados
¿Jesucristo podría haber tenido una vida humana? Tengo amigos que no comprenden cómo Jesucristo, siendo Dios, podía tener una vida verdaderamente humana, y por eso yo quisiera saber cómo eran la Persona y la vida humana de Nuestro Señor Jesucristo. En otros términos, cómo era posible que Nuestro Señor sintiera dolores físicos o aflicciones morales, si al mismo tiempo, siendo Dios, vivía en la absoluta felicidad de la Santísima Trinidad. Y también si, por ejemplo, Él podía contraer alguna enfermedad, resfriarse, etc...

Leer artículo

Semana Santa en Sevilla La capital de Andalucía, en España, es famosa por sus celebraciones durante la Semana Santa. Miles de penitentes recorren las calles, portando en procesión pesadas andas con estupendas imágenes que recuerdan los diversos momentos de la Pasión de Nuestro Señor. En este artículo, algo del sabor del evento...

Leer artículo

Viviendas populares tradicionales Las construcciones transmiten la sensación de solidez, dando la impresión de que protegen contra la intemperie...

Leer artículo

¿Por qué Dios permite las enfermedades? La pregunta toca en uno de los misterios más recónditos de nuestra religión, y al mismo tiempo más bellos y consoladores: el misteriode la Divina Providencia...

Leer artículo

Devastación moral emprendida por la TV Novelas de la TV: efecto desastroso — Las novelas que se transmiten por televisión se volvieron una verdadera manía en algunos hogares y han contribuido en la decadencia de la moralidad y de la vida familiar. Ya no se conversa en familia, todo se aprende de la “madre y maestra” televisión...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino