Es venerado como santo en toda la cristiandad. Fue el cuarto obispo de Jerusalén desde Santiago el Apóstol, sucediendo a Justo I de Jerusalén en 111. Muerto en 116, fue sucedido por Tobías.
Es nombrado por Eusebio de Cesarea (265-340) como obispo de Cesareia Palestina e historiador del origen de la Iglesia que, en su Historia Eclesiástica, enumera los nombres de los primeros obispos de Jerusalén, citando a Santiago el Apóstol, Simeón, Justo y Zaqueo. Es citado también por varios hagiógrafos, incluyendo César Baronio en el siglo XVI.
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