Esclavo de Filemón, después de robar a su amo, huyó a Roma, donde encontró a San Pablo en la prisión. El Apóstol, después de convertirlo, lo mandó de vuelta a Filemón, pidiendo a éste que no lo recibiese como esclavo, sino como a un hermano (cfr. Col. 4, 7-9). Según San Jerónimo, Onésimo se tornó en predicador del Evangelio y Obispo de Éfeso, siendo lapidado en Roma.
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